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Las Mantas De La Pandemia

Las mantas de la pandemia

Hay gente que detesta el frío. Es como si su cuerpo, su mente y sus sentidos dejaran de funcionar en el momento que la temperatura baja cierto número de grados (ya sea en Farenheit o Celcius). No sólo cambia su estado anímico, sino que su nivel de interacción con el mundo se altera notablemente. Personalmente me gusta el clima frío, pero no soy amigo del agua fría.

Cuando de noche hace frío, ¿cuántas mantas requieres para poder calentar tu cuerpo y dormir de manera plácida. Para las personas que viven en lugares muy calientes, ¿cuán frío colocas el aire acondicionado y cuántas mantas usas para sentir que disfrutas el frío en el espacio y el calorcito en tu cuerpo a la vez? Si no tienes aire acondicionado, ¿cómo usas un ventilador y no te arropas para poder sentir un grado de frescura y placidez al momento de dormir?

Cuando facilito un taller de crecimiento personal, prefiero que el salón esté frío en vez de cálido. Mucha gente suele quejarse del nivel de la temperatura, a lo que yo le respondo: «ven abrigado, ya que el nivel de temperatura es bajo a propósito». ¿Porqué se preguntan algunos? Cuando la temperatura de un salón suele caer en lo cálido, la gente se duerme o cae en una especie de letargo. Si es frío, ocurre todo lo contrario, la gente no se duerme, está más alerta. Mi pensamiento es: prefiero la gente despierta y alerta, aunque esté emputada, que dormida y en letargo.

Las condiciones tienen un propósito

Recuerdo cuando hice mis sesiones de un proceso llamado «rebirthing o renacimiento». Mi facilitadora Kate Garrity me dijo: «vamos a hacer tres tipos de sesiones. Unas sesiones secas, sin presencia de agua. Unas con vapor y agua caliente y otras en aguas bien frías. Cada una tiene un propósito y una razón de ser. Vas a enfrentar una serie de condiciones diferentes y eso tocará un espacio diferente dentro de ti, lo que liberará una serie de emociones guardadas que pueden revelar mucho a cerca de ti».

Las sesiones secas eran acostado en un mat y sólo era seguir y hacer los ejercicios de respiración de manera guiada. Cuando era en agua caliente era sumergirte (con un snorkel/respirador) en un jacuzzi dentro de un cuarto de vapor dentro de agua caliente. En ocasiones sentía como mi respiración era más laboriosa y pensaba que iba a sudar hasta desaparecerme. Ya en las sesiones de agua fría era acostarte en una alberca de niños llena de agua fría y te acostabas boca abajo, también con un snorkel. Mi instructora procedía a colocarme una bolsa de 5 kilos de hielo sobre la espalda.

¿Qué requieres liberar?

Para una persona que detesta el agua fría, era como si me sacaran el demonio que llevaba dentro y liberaba otra serie de demonios en los gritos que salían de mi ser. Quería comerme el snorkel y gritar hasta del mal que iba a morir todo el mundo e insultar mi instructora. Gracias a Dios que ella no podía escuchar nada porque yo estaba bajo el agua.

El frío, el calor y el clima normal (a la que estés acostumbrado) sacan de cada uno de nosotros algo diferente. No se trata de evitarlos, sino de exponerte a las condiciones y ver qué sale de cada uno. El frío saca la ira ancestral que vive dentro de cada uno de nosotros. Es como si el paralizarnos por la temperatura nos recuerda de alguna manera al miedo de morir que llevamos dentro y queremos decir lo que nunca hemos dicho.

Las mantas de la pandemia

¿Porqué te comparto todo esto? Porque ahora mismo toda esta situación de la pandemia es como estar entre el frío y el calor, ponerte mantas (cubre bocas, vacuna, distancia sana, etc.) y querer mantener una especie de comportamiento conocido para no mirar lo que vive debajo de la superficie. El objetivo de este escrito no es criticar ni señalar el uso de lo que piden las agencias de salud en el mundo para cuidarte. (Yo uso cubre bocas, me vacuné y mantengo distancia sana).

Todos hemos reaccionado de alguna manera a esta situación. Para algunos ha sido una manera de hacerse más consciente de que estamos conectados, mientras para otros ha sido todo lo contrario: desconectarse. Mientras unos se colocan más y más mantas para protegerse del miedo, otros prefieren jugar el juego de irse al polo opuesto para ver hasta dónde llegan.

No podemos hacerlo todo

El punto es no es si crees en el virus o no. Tampoco si crees en la ciencia o en otra cosa. Sino en qué crees tú, de ti, de lo que es vivir, de lo que es vivir en comunidad. Estoy claro que hemos perdido mucho del sentido de vivir en comunidad, pero somos seres gregarios que buscamos socializar. Ya sea por necesidad o por elección. Si otros no hicieran lo que hacen, moriríamos ya que no podemos hacerlo todo. ¿Qué creencias se han convertido en mantas para defender o protegerte del mundo y seguir en tus miedos?

Ahora mismo todos tenemos mantas puestas, haya pandemia o no. Cuando sentimos fríos nos podemos más, cuando tenemos calor las quitamos. Buscamos lo plácido para darle al cuerpo lo que necesitamos. Es una reacción natural y espontánea. En estos tiempos nos hemos puesto muchas más. ¿Qué tendrías que hacer para quitarte las mantas que tienes demás en este momento? La manta del miedo, del desamor, de la duda, de la ira, de la inseguridad, de la desconfianza, del resentimiento, del odio, del dolor, de la pérdida, de la indiferencia, del aislamiento o de la soledad. Sólo tú puedes quitártela.

El otro día tuve que ducharme en agua fría, ya que el calentador de agua estaba dañado y en la Ciudad de México estaba muy frío ese día, ya que estamos en tiempos de lluvia. Me acordé de mis días de «renacimiento» con Kate Garrity y todo lo que salía de mi boca cuando tenía mis sesiones de agua helada. Cerré mis ojos y le lancé de lleno debajo de la regadera. Pensé que el grito se escucharía en todo el edificio. Pues no. Al contrario, pude estar minutos bajo el agua y sentirla. No es la experiencia más plácida, pero ya no vivo intimidado por ella. Tal vez he sacado algo de la ira que guardaba. Tal vez todo fue por necesidad. Lo cierto es que ya esa manta no lo tengo que seguir usando de la misma manera. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Todos usamos mantas en algún momento. Tal vez ha llegado la hora de solar y quitarte algunas de ellas.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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