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Las Interrupciones Y Las Reacciones

Las interrupciones y las reacciones

¡Qué frustrante puede ser cuando estás haciendo algo, de manera muy intensa o enfocada, y eres interrumpido! Ya sea por una persona, un ruido, un accidente, tu mascota, un niño o lo que sea. Punto importante: ¿cómo reaccionas? ¿Brusco, enfado, impaciencia, pones caras, ignoras, sigues como si nada hubiese pasado, sueltas todo y le dedicas tu atención a la interrupción? Ahora, ¿qué haces para volver a enfocarte en lo que hacía, con la misma intensidad o pasión que lo estabas haciendo?

En estos días he tenido varias pláticas y parece haber un tema similar: interrupciones. De todo tipo. De las esperadas, como las inesperadas. Cuando digo interrupciones no me refiero a la forma en que te distraes con tu celular, con la televisión o cualquier cosas que está sucediendo a tu alrededor para no hacer las cosas. Lo que quiero decirte es cuando algo ocurre y tu reaccionas.

Las interrupciones son inevitables, cómo eliges manejarlas es opcional. Y en algunos casos, requieres auto educarte para poder aplicarlas. Lo más fácil es reaccionar, sentirte frustrado, impotente y molestarte. Peor aún, quedarte molesto, echar culpas, decir improperios, estar con cara de teléfono ocupado todo el día y sentirte que no pudiste hacer lo que querías «por haber sido interrumpido».

Cuando trabajaba en El Nuevo Día en Puerto Rico, como reportero y crítico de música, recuerdo que si querías escribir algo entre 3 y 7 de la tarde era prácticamente imposible, ya que todo el mundo estaba platicando, recibiendo llamadas, coordinando actividades y la energía del cuarto de redacción era más de «recopilar data que producir contenido».

Si estabas trabajando en un trabajo de investigación, un reportaje especial o algo en particular, la mejor opción era buscar una oficina desocupada de algún editor que estaba de viaje, vacaciones o en asignación especial. En mi caso particular, como era nuevo, con poca experiencia, sin mucha preparación, muy distraído y, para completar, inseguro, las distracciones tenían dos efectos.

Primero, cortaba la poca experiencia y falta de desarrollo que tenía con construir mis ideas de manera coherente en mi escritura. Segundo, no había trabajado con el manejo de mis emociones lo suficiente como para poder usarlas a mi favor, y no en mi contra. ¿Les ha pasado alguna vez alguna de las dos?

Hoy día es común cuando estoy escribiendo por las mañanas, y si mi esposa requiere salir o hacer algo, y no nos pusimos de acuerdo la noche anterior, que sufra alguna interrupción esa mañana. No es de extrañar escuchar que me toquen a la puerta de mi oficina, justo cuando estoy escribiendo mi blog o algún tipo de escrito y escuchar su melodiosa voz decir: «¿podrías sacar a los perros? Tengo que irme a una cita?».

En ese momento mi cerebro reacciona y me digo internamente: «¿qué hora es? ¿Tiene que ser en este momento? ¿Podrán esperar? ¿Porqué no me dijste la noche anterior? ¿No entiendes que estoy escribiendo y estoy inspirado?». Siento que mis emociones parecen el marca velocidad de un coche que van de 0 a enojo/frustración en 1 segundo. Quiero decir muchas cosas, pero comprendo que en ese momento no tiene valor que lo diga.

La versión víctima de la situación es quejarme, decirle «¿porqué no me lo dijiste anoche?», molestarme y estar con cara de molestia por mucho tiempo. Pero elijo otra cosa. En ese momento respiro, mejor dicho, suspiro una, dos o hasta tres veces si es necesario. Agradezco el hecho de que estoy inspirado, de que la musa ha venido a visitarme en este día y que no me abandonará. Tomo un minuto para mirar lo que he creado hasta ese momento y anoto un par de ideas que deseo seguir desarrollando cuando regrese. Tomo responsabilidad por el momento.

Me voy a caminar a mis perros, claro de que ellos no tienen que recibir nada que no sea dar su paseo matutino como están acostumbrados con agrado. Ellos son felices caminando. En ese momento, si me queda algún sentimiento negativo, se esfuma en la caminada. Es más, muchas veces esos 15 a 30 minutos de silencio, reflexión y caminar a mis perros, se vuelve hasta un momento para inspirarme y conectarme con otras ideas que me sirven para cuando me vuelvo a sentar a escribir.

Hoy puedes haber tenido que interrumpir tu programa de clases, de entrenamiento o de ejercicio por alguna lesión o circunstancias inesperada. Tal vez hoy tus hijos no quieren callarse y están llorando toda la mañana. Tal vez hoy alguien te llamó justo en ese momento cuando más enfocado estabas. Todo pasa por una razón. Hay una lección detrás de la interrupción. Si te haces la víctima te la pierdes, sólo terminas teniendo la razón y el enojo. Si eliges ser responsable podrías descifrar o descubrir cuál es la lección.

Repito, tu no puedes controlar las interrupciones, pero si puedes aprender a responder a estas cuando ocurren. Puedes verlo como lo peor que te han hecho, o tal vez el mundo te está diciendo: «haz un alto, ya que hay algo que puede servirte más de lo que te imaginas si ves el mensaje oculto detrás de la interrupción». ¿Qué puedes hacer diferente cuando te interrumpan hoy?

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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