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Las Caras De La Mediocridad

Las caras de la mediocridad

Mediocridad, la palabra, suena pesada. Tanto cuando la lees, la dices y, peor, cuando te la dices (o te la dicen). Creo que si realmente supiéramos como aparece en nuestras vidas, más allá de lo que significa o cómo la interpretamos, nos relacionaríamos con ella de otra manera.

Mediocridad, en su esencia, lo que quiere decir es «estar en el medio». En otras palabras, ser parte de la curva promedio. Eso puede interpretarse en algunos círculos como ser bueno, ser sobresaliente, dar lo mejor de ti, ser reconocido. Dentro de la mediocridad puede caer tener un buen título o no tener ninguno, puede ser ganar mucho dinero o no ganar nada, puede ser tener sueños como no tenerlos, puede ser haber completado una carrera universitaria como no haber pisado una escuela jamás en tu vida.

Mediocridad no discrimina, ni por edad, credo, sexo, preferencia, logros o EGO’s. Es más, lo que más defiende tu EGO es tal vez donde más reside tu mediocridad. Lo contrario de la mediocridad no es la perfección, sino la excelencia. No es hacer las cosas bien, sino hacer las cosas por la manera en que sirve a otros, no a ti. No es cómo pienso en mi para obtener el logro, sino como el logro es una forma de servir a otros.

Mediocridad puede sonar a un juicio, aunque en realidad es un llamado a mirar tu verdad, la que nadie conoce, pero tu bien sabes que te habla. No se trata de lo que has logrado, alcanzado, obtenido, tienes o acumulas, sino responder a ser más grande de lo que piensas. No pienses en un número o en tamaño, sino en profundidad, elevación y consciencia. La mediocridad puede cuantificarse si queremos, pero se siente, se ve y se observa, aunque podemos estar tan sumidos en una forma, en una manera, en una defensa, que jamás nos hacemos dueños de poseerla, cargarla, reproducirla y perpetuarla.

Mediocridad, si lo miras desde la perspectiva meramente humana o competitiva, puede justificarse con un número, una calificación, un mérito o la aprobación social. Ahora, si lo miras desde la perspectiva de tu grandeza y tu esencia, no se trata de medición, sino de cualidades, de calidad, de excelencia, de superación, de mirar hacia dónde vas y lo que das en el camino, no tanto lo que obtienes.

Mediocridad puede ser el resultado disfrazado de orgullo, arrogancia, prepotencia o soberbia, así como de conformidad, resignación, negación, resistencia, pereza o descuido. Es la creencia oculta que vive en un comportamiento que habla través de una actitud. Puede vivir en lo más alto, en lo que todo el mundo cree que es el éxito, pero en realidad es un espejismo bien estilizado. Puede vivir en lo más bajo, no por la manera en que luce, sino por la falta de cuidado, de conocimiento o de inspiración que no le pusieron.

Mediocridad puede ser un amante ocasional que te seduce para lucir bien para los demás, pero no haces lo mismo por ti. Puede ser el esfuerzo que te lleva a sobrevivir mejor que los demás, pero no lo duplicas para impactar a los demás. Puede ser el respiro que mereces darte porque crees que lo que haces no es suficiente. Puede ser tu renuencia a no mirar o darle espacio en tu vida a cosas que realmente importan, aunque no se vean.

Mediocridad, más que un estado de lo que pasó, puede ser un llamado a despertar, a ir a donde nunca has ido. Puede ser un llamado a ser extraordinario, a dar lo que nunca has dado, a salir del promedio no por el resultado, sino por la experiencia de lanzarte a llegar a donde pocos se atreven ir. Tengo claro que hoy, a mis 55 años, empieza mi camino hacia lo extraordinario. Todo lo vivido lo acepto y recibo con amor y gratitud, pero ha sido una preparación para vivir como tal vez nunca lo he hecho a partir de este momento. ¿Qué sigue para ti?

¡Gracias por leer este blog! Te invito a que lo compartas con seres como tu que quieren alcanzar y manifestar su mejor versión.

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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