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La Melancolía Y Su Poesía En La Vida

La melancolía y su poesía en la vida

(Nota: Hoy hacemos un pausa del estilo de blog que publicamos normalmente para hacerles un regalo. Te pedimos que leas el blog hasta el final y sigas los pasos para que recibas algo muy especial que tenemos para ti. ¡Gracias por leer nuestro blog!)

Oh Melancolía, novia silenciosa, íntima pareja del ayer. Oh melancolía, amante dichosa, siempre me arrebata tu placer. Oh melancolía, señora del tiempo, beso que retorna como el mar. Oh melancolía, rosa del aliento, dime quien me puede amar. (Tomado de la pieza Oh, Melancolía, de Silvio Rodríguez).

Siento como un desgarre en el corazón. Un sentido de desconocimiento, que por un lado quiero ubicar, darle forma, origen o razón, para poder tener un sentido de control o de dominio de lo que sucede. No sé si es tristeza, dolor o simplemente la muerte de un estado de vida, que abre paso a otro. Siento que todo luce sombrío, algo gris, a pesar de que un sentido de optimismo, de claridad y de certeza dirige mis pasos por la vida.

El estar viviendo tantas cosas al mismo tiempo en este momento me arropa. No me siento impotente, pero el reconocer que simplemente hay cosas que no puedo cambiar por más que quiera, le da un nuevo sentido a lo que antes había conocido como reflexión, introspección o reconocimiento. El detenerme a mirar profundamente lo que sucede trae a la superficie sentimientos que confirman que vivir es sentir. Sentir en el momento y expresar ese sentir para nuevamente estar listo para sentir con la vida.

Qué difícil son las relaciones. Que complicado es entender mis propias necesidades cuando quiero conocer las de otro y en el proceso pensar que las mías tienen mayor importancia que las del ser que comparte su vida conmigo. Ahora es que la vida me pide madurez, crecimiento, evolución y qué sugestivo y cómodo luce volver a seguir haciendo lo mismo que me ha llevado a caer en los mismos abismos que han provocado caos en mi vida.

Aquí mi pasado, las relaciones que una vez tuve al transcurrir por este planeta arropan mi mente. Puedo ver claramente las actitudes comportamientos, centradas en el miedo, que produjeron hechos, eventos y situaciones que bien justificaron una mera sobrevivencia originada en la escasez. Qué fácil ha sido ser macho y qué difícil ha sido descubrir, recobrar y aceptar lo que es ser hombre.

Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas cosas que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia entre las dos. Dios, concédeme la paciencia para poder accesar la compasión que vive en mí y con ella pueda darle a cada ser humano que se cruza en mi camino lo que realmente necesita de mí y de la vida en ese instante. Dame la claridad para poder entender cuándo es el momento para dar espacio y cuándo es el momento de dejar volar a otros, de dejar ir o de abrir mis alas y seguir mi vuelo por el mundo.

Dios, déjame entender esa línea tan sutil que existe entre la conciencia, la insistencia, la inconsciencia, la ignorancia y la realidad. Te entrego ese miedo de ser yo cuando mi propia vida dice que ese el camino de la realización, aunque ese camino me lleve por espacios más oscuros y tenebrosos de lo que había pensado. Déjame aceptar, enfrentar y comprender que aunque algunas cosas en este mundo duelen, todo pasa y con ello llega un nuevo despertar.

Una vez una mujer que me echó las cartas en Ecuador me dijo, el Angel de la tristeza te vista ocasionalmente. Lo que yo interpreté como un sentimiento de melancolía que muchas veces llega a mi ser inesperadamente. Este puede ser activado por un evento o situación reciente, pero muchas veces llega a mi consciencia sin una razón de ser o sin poder encontrar su lugar de origen. Sin embargo está ahí: presente, sensible, visible y conmovedor.

Silvio Rodríguez, genialmente y de forma magistral y conmovedora, supo ponerle música y poesía a este sentimiento que hoy me embarga en su bella composición “Oh Melancolía”. Si la música ha sido una puerta de descubrimiento en mi vida, hoy es una poderosa oportunidad de liberar o reconocer mis sentimientos. Y esta canción me acompaña como un amigo que entiende lo que siento y vivo en este instante.

“Hoy la voluble señorita es amistad y acaricia finamente el corazón con su más delgado pétalo de hielo. Por eso hoy, gentilmente te convido a pasear, por el patio hasta el florido pabellón, de aquel árbol que plantaron los abuelos. Oye el ensueño, es como el musgo en el brocal, dibujando los abismos de un amor, melancólico, sutil, pálido, cielo”, dice en la estrofa central Rodríguez, invitándome a aceptar y reconocer este sentimiento como algo que fue y en ello mirar lo bello a pesar de no estar y el dolor de la ausencia.

Por más que pretendo que este sentimiento es pequeño o relativo de un pasado que ya no es o es parte de una época que quiero que regrese o de no aceptar lo que es ahora mismo, su presencia es ineludible. Escapar de él, huirle o tratar de evitarlo es prolongar, castrar o desvirtuar su existencia, cuando su visita tiene una razón de ser.

“Viene a mi, avanza. Viene tan despacio. Viene en una danza, leve del espacio. Cedo me hago lacio y ya vuelo, ave. Se mece la nave, lenta como el tul. En la brisa suave, niña del azul”, así describe Silvio su llegada, su aceptación y su desenlace. Hoy la melancolía que me acompaña me invita a recordar no sólo el dolor, el amor, la alegría, la tristeza o la nostalgia de un ayer (que para bien o no) tocó mi vida, sino que me invita a mirar su profundidad para elevar mi conciencia en mi jornada por la vida.

Este ensayo fue escrito hace más de 20 años y hoy lo comparto en honor a aquellos que los acompaña en ocasiones la melancolía en su vida. Este escrito, junto a varios otros, serán parte de un libro de ensayos que será publicado próximamente. Cada domingo de agosto estaremos publicando un ensayo como una especie de adelanto. Si quieres ser uno de los 100 afortunados de recibir una copia gratis de este libro de ensayos lo único que tienes que hacer es inscribirte en nuestra página (si no lo has hecho) y dejar un comentario en este escrito sobre nuestro blog. ¡Gracias!

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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