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La Mariposa De Alas Mojadas

La mariposa de alas mojadas

Nota: este blog es un regalo en mi cumpleaños a un ser vital en mi vida

Hubo una vez una mariposa que desafió la ciencia y hasta la naturaleza misma. Se ha probado que una mariposa, una vez sale de su crisálida, tiene que esperar una hora hasta que sus alas se sequen para poder volar. De lo contrario, jamás podrá abrir las mismas y perecerá al poco tiempo luego de haber tenido que resistir uno de los procesos de transformación y génesis más violentos y sorprendentes de la naturaleza.

Pues esta mariposa hizo la que ninguna otra había hecho en su corta vida. Recién había salido de su cálida y bien protegida crisálida, la vida la empujó a volar con las alas mojadas y sin haber sido expuestas al sol como se merece. Dado a que ella no sabía que debía pasar por ese proceso, simplemente decidió abrir sus alas mojadas y se enfrentó a la vida como mejor pudo hacerlo. Dado a que no podía elevarse, su vuelo era muy limitado y con muchos contratiempos.

Ella veía como otras mariposas podían volar y hasta se parecían a ella, pero no podía tomar vuelo cuando quería hacerlo. Era algo alentador por un lado saber que tenía alas para volar y, por el otro, muy frustrante saber que no podía usarlas de la mejor manera. Hasta que un buen día llegó a su vida una gran mariposa monarca y le dijo «viajemos el mundo». Ella le respondió: «no se como hacerlo, ya que cada vez que lo intento, no logro elevarme como lo hacen otras», dijo algo triste, pero firme en creer que podría hacerlo.

«No te preocupes, vamos a aprender juntos», le dijo esta joven monarca con un tono decidido y muy seguro. En ese momento los dos decidieron permanecer juntos, aunque la monarca tenía que hacer un largo viaje antes de poder permanecer al lado de esta hermosa mariposa. Ella decidió confiar en el regreso de la monarca, quién cumplió su palabra de volver junto a ella.

A partir de ese momento ambas mariposas fueron inseparables. Viajaron el mundo, descubrieron lo que podían hacer las mariposas cuando viajaban juntas. Con el paso de los años la mariposa vio como sus alas comenzaron a ganar fuerza y vuelo. Poco a poco fue aprendiendo a cuidar, a nutrir  y a dar vida a otras mariposas. 

Si algo supo hacer esta mariposa fue ser ejemplo para que otras pudieran llegar más lejos. No importa si nunca fue educada para hacerlo. No importa si no tuvo en momentos importantes la guía de sus padres. No importa si alguna vez se sintió inadecuada por no haber podido tener una infancia o adolescencia normal, interrumpida por la pérdida de seres queridos. Ella siguió volando.

Junto a su mariposa monarca viajaron el mundo. Visitaron lugares en Europa, el Pacífico, Estados Unidos y Puerto Rico. A esta mariposa llegó el momento en que dejó de importarle el que sus alas nunca se hubiesen secado totalmente, ya que pudo hacer lo que otras mariposas con sus alas secas nunca hacen. Pero algo faltaba.

Un buen día esta mariposa pensó que su ciclo de vida no estaría completo si no dejaba secar sus alas y alzar vuelo como bien era su destino. Lo pensó mucho porque ya habían pasado 70 años desde que se unió a su mariposa Monarca que nunca se apartó de su lado. Por un lado el pesar de dejarlo atrás, de no poder seguir acompañándolo en este viaje, le dolía mucho.

Esta mariposa sabia que ese paso final tendría sus riesgos y sus despedidas. Era una transformación final. Un salto al vuelo más importante de su vida. Era dejar lo que había sido, para ser quien siempre tenía que ser: una mariposa completa. En sus días de transformación ella fue cuidadosa de preparar a los que quedaban antes de su vuelo. Ella no quiso que sus seres queridos (su monarca, sus seis mariposas, sus siete nietos y diez bisnietos) vieran como la transformación de la mariposa podría impresionar a otros. Por eso lo hizo de manera rápida, sin prolongar su dolor o el sufrimiento de ella o de su familia.

Dios, en su infinita sabiduría, y esta mariposa que nunca perdió Fe en su presencia, supo que el mejor momento de partir era cuando empezara el día. Cuando todos comenzaban a organizar sus agendas, ella dijo, «llegó mi momento». Y así, silenciosa, sin decir mucho, sabiendo que atrás dejaba un rastro lleno de amor y ejemplos de vida en familia, partió a la luz. Su vuelo tocó a muchos. Su historia nunca dejará de ser contada, mucho menos olvidada. La mariposa que vivió toda una vida con sus alas mojadas, por fin dio el vuelo que siempre merecía: con las alas mirando al cielo y diciendo que su tiempo en la tierra se había completado. Gracias madre.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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