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La Lección Que Hay Para Todos (y Cada Uno)

La lección que hay para todos (y cada uno)

Jamás olvido, tendría unos siete/ocho años, era Semana Santa. Cuando era niño, en esta época todo lo que se veía en la televisión eran las películas del viacrusis que vivió Jesucristo. Estaba viendo el momento en que Jesús era azotado, atacado y juzgado. En ese momento irrumpí en llanto, me conmovió sobremanera la escena.

Mi madre, en su infinita sabiduría, me dijo algo que jamás olvido. Estoy claro que su intención era hacerme consciente de la vida de Jesús y la manera en que nuestros actos deben reflejar un grado de amor y sabiduría hacia el propósito por la que estamos aquí en la tierra. Vivir de acuerdo a la palabra. El problema era que mi madre no se percataba que sus palabras provenían del miedo y no del amor. Hoy me doy cuenta de ello, en ese momento no. Y ese momento tiene que ver mucho con lo que deseo compartirte hoy.

Lo mismo pasaba cuando iba a los servicios dogmáticos (ya fueran católicos o cristianos) cada semana. En el momento en que podía cometer lo que pareciera un error, equivocarme o simplemente cometer un acto que parece una transgresión de la «palabra», lo primero que te dicen o infieren es: «¿para qué vas a la Iglesia cada semana si no vas a aplicarlo o vas a cometer un error».

No vengo a hablar de religión, mucho menos de dogmas. Pero sí vengo a hablar de espiritualidad. Algo que para mí es inevitable en nuestro proceso de pasar por la tierra. Estoy claro que puedes ser ateo, agnóstico y no creer en nada, es tu derecho. Ahora, comienzo hablando de este tema porque tiene una relación directa con lo que deseo compartir hoy. Que es una especie de continuidad de lo que escribí ayer y antier, sobre la situación vivida por Will Smith y Chris Rock en los Oscares el pasado domingo.

Si buscas la definición de la palabra «pecar», significa «no dar en el blanco». Eso podría interpretarse que pecar «no es hacer algo malo», sino equivocarte. No se trata de ser perfecto, sino de encaminarse en el proceso y aprender. El problema es que mucha gente interpreta que el proceso se trata de ser perfecto y no de crecer. De NO equivocarte en vez de aprender de tus errores.

No se trata de seguir dándole vueltas al asunto y evaluar si «Will lo hizo bien o mal» o «si Chris tenía el derecho como comediante de decir lo que dijo o el chiste elegido era abusivo». ¿Qué tal si los dos están en lo correcto y equivocados a la vez? Sí, tal como lo leíste. ¿Porqué? Aquí es donde la espiritualidad puede ser una opción que pueda proveer una respuesta y no la razón.

¿Qué tal si para los dos hay una lección espiritual para aprender? Y la lección no tiene que ver con quien tiene la razón, quién lo hizo bien o mal. No tiene que ver con el dinero, el prestigio, la fama, el ser famoso, ni siquiera tiene que ver con «qué debería hacer un hombre para defender a su esposa». Hay una lección en todo esto tanto para Will como para Chris y, sobretodo, para cada uno de nosotros. Particularmente, para cada uno de ellos.

Algo que queda claramente evidenciado, especialmente tras leer y escuchar tantas y tantas opiniones, críticas, juicios, comparaciones, especulaciones y veredictos en estos días, es que podemos ver esta, y toda situación, a través de dos lentes: el terrenal y el espiritual (no religioso). El terrenal simplemente defiende el EGO, la razón, el poder y la manera en que «debemos» reaccionar a lo que nos pasa. El espiritual, contrario a la opinión pública, y muy diferente a lo que «debemos» hacer de acuerdo a los dogmas que han sido parte del mundo por siglos, no tiene una forma, sino es un proceso.

Una pregunta que recibo mucho, tanto en mis talleres como en mis sesiones de coaching, es: ¿qué sería una rutina o práctica diaria espiritual saludable? Yo le digo a las personas que la rutina puede ser diferente para cada persona, de acuerdo a sus preferencias y el nivel de profundidad que desea alcanzar en su proceso. En pocas palabras, la rutina implica el nivel de consciencia y conexión que deseas tener cada día en tu caminar por la vida. Hay gente que decida quince minutos y otros que dedican horas del día a sus rutinas espirituales diarias.

La rutina es una parte importante, especialmente si no eres muy dado a hacerlo de manera grupal y te gusta hacer las cosas a tu modo o a tu ritmo. Mucha gente confunde espiritualidad con «creer en Dios», cuando creer en lo que sea es sólo el primer paso. Lo que realmente hace que la espiritualidad tenga un grado de efectividad es la manera en que la practicas, primero contigo y luego con los demás. Como toda práctica, la repetición y la disciplina es lo que hace que el desarrollo de consciencia ocurra.

La práctica. El día a día. La rutina es como ir al gym, hacer ejercicio. Lo que define la rutina es la manera en que lo aplicas, lo haces consciente en tus actos. «Vas a dar en el blanco o no, si estás consciente de lo que requieres aprender a manejar». Mucha gente cree que la mejor manera de aprender algo es evitándolo. No. La mejor manera de aprenderlo es enfrentándolo. Para saber usarla en el momento cuando la vida te presenta la oportunidad, el reto y ver si de verdad has aprendido la lección que requieres aprender.

No te gusta la crítica, enfréntala y aprendes a manejarla. Mucha gente la evita y cree que ya la maneja. No, eso sólo indica que la crítica te maneja a ti. No al revés. ¿Quieres manejar tus miedos? Enfréntalos. No los sigas evitando. Pero la única manera de saber lo que tienes que aprender, a nivel espiritual, es si te haces las preguntas de las lecciones que SABES que no has aprendido y requieres aprender. Y luego sumergirte en un proceso espiritual, no terrenal, se saber identificar cómo vas mejorando, y creciendo, en ellas.

Pero si no tienes una práctica espiritual, y lo único que haces es debatir las razones del EGO con gente que sólo les interesa adular, enaltecer, proteger y adular el EGO, no vas a salir del círculo vicioso en el que vives (y vivimos). Will Smith no es perfecto. Chris Rock tampoco. Ni tú, ni yo. El punto es que ahora mismo hay una respuesta que tal vez nadie está viendo en este momento que es la que cada uno (Chris, Will, tú y yo) debe aprender de todo esto.

Si seguimos insistiendo en la versión terrenal, jamás la aprenderemos. Ahora, sí comenzamos a tener una práctica espiritual consistente, tal vez podamos verla y seguir acercándonos a ella. El fallar y no dar en el blanco es inevitable, la manera en que queremos aprender es opcional. Este puede ser el momento ideal para empezar a desarrollar una rutina espiritual consistente para que cuando vivas eventos que te saquen de tu centro, puedas elegir responder (no reaccionar) a ellos de manera diferente. Y aunque te equivoques, sepas que vas por el camino de tu proceso de aprendizaje y no el de la aprobación popular.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay una lección para todos detrás de todo lo que vivimos, tal vez no es la que piensas.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Me encanto! Así, uno aprende que si vives de la aprobación de las personas siempre seras un mendigo de las mismas buscando aprobación. Por supuesto que se necesita un trabajo diario en la espiritualidad para escuchar a ese sabio interno que todos tenemos.

  2. Saludos Jorge,
    Tus palabras en este artículo son muy bien atinadas y no están en desacuerdo con lo que enseña la Biblia. Imagínate que Jesus dijo cuando estaba en la tierra que ni vino a buscar gente justa sino a pecadores. Que quiso decir con eso? Jesus muy probablemente se refería a que le interesaban aquellos que estaban ganando conciencia de su imperfección.
    Llevo 20 años estudiando la Biblia a profundidad.
    Tal vez me motivó un feedback que una vez me diste y que me llegó muy profundo. Jamás supiste el impacto que tuviste en mí ese día.
    Un abrazo

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