¿Con quién debates hoy día? Cuidado con evitar tener los debates importantes y caer en "los Monólogos del miedo" que reinan en este época.
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La Era De Los Monólogos Del Miedo

La era de los monólogos del miedo

¿Con quién debates hoy día? Sí, de verdad. ¿Quiénes son esos dos o tres amigos, familiares, colegas o compañeros de trabajo (o de intereses) con los que puedes tener conversaciones (o discusiones) que te reten a mirar lo que más defiendes? Y pueden ser debates acalorados, de esos que llegan a subirse los ánimos, pero no se pierde la perspectiva. El objetivo es retar lo que piensas, no convertir al otro en parte de tu secta de creencias.

Si algo extraño, es eso. El arte de discutir. Pero no pelear o argumentar con el ánimo de señalar, criticar, juzgar, atacar (o contraatacar) o polarizar, sino de aprender. De ver cómo cada uno llegó al lugar donde se encuentra y cómo cada uno puede aprender un poco más (y de sí mismo) al escuchar al otro. Y la única manera es teniendo las pláticas, discusiones o debates.

Muere un arte que todos debemos preservar y desarrollar

Admito, acepto y reconozco que durante mucho tiempo en mi vida yo creí que era bueno debatiendo, pero no lo era. Era una forma de querer mostrar mi ego, mis conocimientos y ocultar mis inseguridades. No era un debate o una discusión saludable (para ninguna de las dos partes). Con el paso del tiempo he visto cómo mis creencias pueden ser fuertes, pero requiero aprender a sujetarlas sin mucha fuerza. Las cosas cambian rápidamente y lo que desconocemos es mucho más de lo que sabemos.

Anoche leía y me encontré con una pregunta muy interesante. Una pregunta que me he hecho muchas veces. Hasta la he respondido en diferentes ocasiones. Una que mi respuesta ha cambiado a lo largo del tiempo. Es más, una que hoy puedo decir que mi respuesta, lo que practico y lo que me falta por aprender no se alienan totalmente. Eso hace que la pregunta tenga mucho poder. Más que querer dar la respuesta acertada, es una manera de revisar dónde estoy y qué hago en este momento de mi vida. Debatir es un arte que todos debemos aprender a preservar y desarrollar.

¿Cuál eres tú?

¿Qué debe estar sintiendo alguien que estudió historia (de cualquier tipo) cuando ve un mundo donde mucha gente no quiere mirar, aceptar o reconocer la historia, sino una parte o perspectiva de ella?

¿Cómo una persona que estudió ciencias políticas mantiene la cordura mientras observa como el medio político se torna cada vez más en un espacio de intereses, imagen, óptica, partidismo o dogma?

¿Cuántas personas que dedican su vida a la justicia son vistos como rebeldes, mercenarios, de izquierda o cualquier otro apelativo porque para sostener la justicia se requiere retar los poderes que han creado «lo establecido» o la manera en que se hacen las cosas?

Podría seguir enumerando aspectos de la vida donde hay profesiones o personas cuyo rol los coloca en posiciones de debate, controversia y retan lo convencional o tu realidad. No se vayan muy lejos. Eso pasa en cada hogar. ¿Quién muchas veces cuestiona los comportamientos del padre, de la madre, del abuelo, de la tía, del primo o de la hermana? ¿Esos que dicen la verdad, o la manera en que las palabras salen de su boca sin filtro y dan en el blanco, aunque salpican sangre en ocasiones? ¿Cuáles son esas personas, de tu propia familia o grupo de amigos, que evitas porque dicen la verdad o sabes que ven las cosas de otra manera y crees que evitándolas es mejor que escucharlas?

Sin pelos en la lengua

Esta semana tuve un encuentro cercano del primer tipo, vía internet, con una amiga que conozco hace más de veinte años. Hace por lo menos 10 años que no platicábamos. Ella es una persona que siempre se ha caracterizado por no tener pelos en la lengua. Ella dice lo que ve y lo dice. Como ella misma lo dice: «eso me ha metido en problemas y estoy aprendiendo a decir las cosas». Pero una de las cosas que más valoro de ella es eso mismo, «el que las diga». Cuando compartimos lo que estamos viviendo, le dije «si alguien me dijo hace cerca de diez años lo que veía, eras tú, así que no puedo venir a hacerme el pendejo y pretender otra cosa». Ella se rió, pero era muy cierto.

Tristemente, el advenimiento de las redes sociales o la tecnología, ha ido cerrando cada vez más eso espacios. Ahora el debate ha sido intercambiando por el monólogo. Los monólogos del miedo. La cancelación. Si piensas esto, si te muestras de esta manera, contradices lo que cierto grupo hace, vocalizas tu opinión, la riegas o no eres perfecto, puede provocar una cadena de sucesos.

Te cancelan.

Te clasifican.

Te etiquetan.

Te marginan.

Te ignoran.

Te aíslan.

Te juzgan.

Te critican.

Te separan.

Te polarizan.

Eres….(llena el blanco) y así comienzas a ser tratado.

Nunca hubo un debate. Un intercambio. La plática. Preguntar. Escuchar. Interesarte. Ser curioso. Eres el resultado de una serie de observaciones basadas en intereses o dogmas y la posibilidad de desarrollar una relación muere. ¿Cuántas relaciones en tu vida han muerto más por lo que lees en sus muros o publicaciones que sentarte a tener una plática para conocer porqué piensan de esa manera?

Una de dos

¿Qué hace la mayoría de la gente? Silenciarse y/o dogmatizarse. Callarse unos. Unirse a la manada otros. Para evitar el conflicto, la discusión, el debate, sentirse expuestos, ser señalados o eliminados, prefieren no debatir. Y el problema no es hacerlo públicamente, sino lo que pasa con ellos mismos. Comienza a crear un monólogo que sirve para sostener el miedo y la preservación (exclusión), no el amor y la inclusión.

Cómo preservar lo que tienes es saludable. Pero en el momento que preservar implica callar, reprimir, oprimir, temor a ser quien eres en realidad, alejarte de los que pueden ser «debates saludables en tu vida», comienza a crearse un espacio que termina siendo tóxico. No sólo en tu vida, sino contigo mismo.

Hora de abrir y debate y no cerrarlo

Este es el momento donde el espacio del debate en tu vida debe abrirse. En todos los sentidos. Sobre el sexo, el dinero, la política, la salud, el bienestar mental, la calidad de vida y muchos otros temas. Todo aquello que se ha convertido el objeto de intereses, de bandos o de críticas. Hablar contigo mismo puede ayudarte si lo haces sin aferrarte a lo que ya sabes. En algún momento tendrás que ver a quién unes al debate, ya que los monólogos no sirven para llevarte hasta donde quieres llegar. Sólo nunca llegarás al siguiente nivel.

Por aquellos que se preguntan: ¿cual fue la pregunta que leíste? Una pregunta que aplica a todo lo que menciono en este blog y puede resumir mucho de tu vida, si la miras simbólicamente y no literal. Si te das el permiso de tomar esta pregunta y aplicar a temas como el sexo, el dinero, el amor, la política, hasta el virus, lo que argumentas o defiendes sin conocimiento y muchas otras cosas más, puede ser el inicio de una plática rica y reveladora. Si lo miras superficialmente, todo seguirá igual.

¿Cuál es la diferencia entre la espiritualidad y la religión? Esa es la pregunta. Dale pensamiento, profundidad y perspectiva a esta pregunta y verás cómo toca esto y mucho más. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Hemos dejado de debatir y los hemos reemplazado con los «Monólogos del Miedo».

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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