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La Distancia Entre El Ideal Y El Sueño

La distancia entre el ideal y el sueño

Si tuvieras que elegir entre ser un idealista o ser un soñador, ¿cuál escogerías? Y sí, mucha gente tiende a pensar que los dos son iguales o tienen mucho en común. Tal vez tienen algo en común, hasta cierto punto.

Como dice la inmortal canción de John Lennon: «podrás decir que soy un soñador, pero no soy el único». O cómo una vez dijo un hombre en un impactante discurso «yo tengo un sueño». A veces hay sueños que son tan grandes, tan extraordinarios o tan unificadores, que parecen visiones utópicas o lejanas por las condiciones en las que vivimos.

Vivir por, y/o para, un ideal puede parecer un sueño de uno o puede ser el objeto que te lleve a cegarte por no ver la realidad que tienes ante ti. Puede elevarte a hacer cosas que jamás pensaste hacer, a enfrentar cosas que jamás pensaste en enfrentar o hasta creer lo que nadie ha creído, pero también puede llevarte a no ver lo que todo el mundo ve. O hasta puedes alejarte de cosas preciadas por querer sostener un ideal, que para unos puede parecer inalcanzable o para ti puede ser, no negociable.

¿Porqué traigo este tema a colación? Ayer fui a ver una película que les recomiendo que vean. Se llama «Belfast», inspirada en los actos de violencia ocurridos en los años 60 entre Protestantes y Católicos en el norte de Irlanda. La misma fue inspirada por hechos vividos por el director, escritor y guionista (Kenneth Branagh) a los ocho años. La película ganó el Oscar como mejor guión y puedo entender el porqué. Es de los mejores guiones que he visto y saboreado en mucho tiempo en el cine.

No vengo a hablar de la película, sino del tema con el cual inicié el escrito. Repito la pregunta. ¿Idealista o soñador?

Para algunas personas un ideal puede ser que «todo permanezca igual, que nada cambie». Y morir en ese lugar.

Para otros puede ser el sueño de «vamos a crear un nuevo mundo en otro lugar».

¿Qué pasa cuando esos dos polos chocan porque viven en la mente de dos personas que se aman, tienen una relación, están criando una familia, su país está en conflicto y su relación está siendo puesta a prueba? Esto puede parecer la pregunta que se hacen en la película, pero bien puede ser una que vives tú, hasta cierto punto, en este momento.

Recuerdo un momento doloroso en mi vida, cuando una parte de mí, de mi intuición y de mi ser sabía que mi tiempo en un empleo había terminado. Era el momento de encaminarme hacia el sueño de definirme en mi campo de las comunicaciones, de «hacerme un nombre y un presencia». En ese momento lo único que deseaba era tener el apoyo «de la persona que era importante para mi» para seguir ese camino.

No lo obtuve.

En vez de lidiar con la situación de manera adulta o madura, opté por la inmadurez, la reacción, el miedo y la ignorancia. Fue destruir en vez de cuidar, fue de alejarme en vez de acercarme, fue de atacar en vez de comunicar. Busqué en la separación lo que no supe reconocer en la unión. Si no estás conmigo, estás en contra de mi fue mi pensamiento interno que sirvió de motor para muchos de mis actos.

Me llevó tiempo sanar, reconocer y reparar el daño ocasionado. Especialmente, conmigo mismo. Reconocer cuál es mi ideal, cuáles son mis sueños. Los dos existen y, hasta cierto punto, coexisten en un mismo ser. Pero tienen espacios definidos y ocupan lugares diferentes en la casa.

Los ideales más trascendentales son los que viven en la unión y en el amor.

Los sueños que nunca mueren son los que elevan tu esencia y sacan lo mejor de ti, a pesar de las circunstancias que enfrentes. (Por algo Martin Luther King, Jr. y Ghandi recurrieron a la no violencia).

He aprendido que para ser un soñador no requiero tener lo pies en la tierra, sino las acciones definidas y no pararme por lo que enfrento en la tierra. Puedo tener ideales, pero requiero tener mis valores bien definidos. Durante mucho tiempo me consideraba un soñador, que no sabía lo superficial que era, por no definir sus pasos y su voluntad. Hoy veo que puedo soñar y no dejaré de hacerlo. Pero un sueño conectado con lo que quiero ser y dejar en este mundo, más de lo que quiero probar, demostrar o alcanzar.

Creo que durante mucho tiempo viví una confusión entre ser un idealista y un ser iluso lleno de ilusiones. Hay una gran diferencia. Para ser un idealista, se requiere una sola y simple cosa: definir los valores que van a definir ese ideal. Durante mucho tiempo viví los valores que otros me impusieron y que nunca definí por mi mismo. Fue como buscar pertenecer probando, demostrando o alcanzando, pero nunca definiendo.

Si tuviera que elegir hoy, creo que soy más un soñador que un idealista. Todavía desconozco mucho de lo que soy o de lo que quiero. Estoy claro que tengo ideales y en algunos casos, soy muy apasionado por ellos. Soy capaz de defenderlos a capa y espada. Pero al final del día, los sueños siguen siendo un motor. Tal vez no veo el horizonte con la claridad que una vez pensaba que lo veía, pero no me siento perdido en la neblina de la confusión.

Hoy la vida te puede estar preguntando lo mismo. ¿Soñador o idealista? Suenan muy parecidos y hasta pueden generar confusiones, pero tienen espacios muy definidos de estancia y acción en la vida. ¿Conoces los tuyos?

¿Qué vas a hacer al respecto?

Viendo la película Belfast me llevó hacerme una pregunta: ¿idealista o soñador?

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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