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La Carta Que Mereces Enviar

La carta que mereces enviar

Querido ser:

Tal vez te preguntes por qué he tomado el día de hoy para escribirte esta carta. La razón es simple: siempre es el momento perfecto para reconocer al ser que le da vida, razón existencia, sentido y propósito a mi existencia. Hoy hago un alto porque si miro las cosas que tengo, así como las que no tengo, puedo apreciar que lo que suma es mucho más que lo que falta. Eso lo has hecho tu.

Si ahora mismo hiciera un alto para hacer una lista de las cosas por las que me siento orgulloso, la lista sería interminable. No por lo que he logrado, sino por lo que puedo disfrutar, apreciar, sentir, compartir, dar, recibir y experimentar. Eso nada más es un privilegio que la vida me otorga, pero si no fuera por ti, mi SER, jamás podría darle los colores, los matices y el valor que se merece.

Es interesante, me hablan mucho de mi SER, de ese algo que vive dentro de mi que puede alcanzar grandes cosas, discernir, mostrarse, expresarse, manifestarse y rediseñarse. Ese SER se que existe, ya que me permite ahora mismo leer y entender, pero también eres como un misterio, como algo que trasciende las palabras, pero se manifiesta y se hace realidad de formas inesperadas, sorpresivas, admirables y hasta increíbles. No tienes forma, pero tomas forma. No tienes cara, pero tienes mil caras. Eres como un todo y la nada.

Tu eres capaz de enfrentar grandes desaciertos, dolores, desilusiones, tristezas y hasta lo inesperado y darle una perspectiva en mi mente, en mi corazón y en mis acciones que aveces no se como lo haces. Si conozco la oscuridad es por que tu me has llevado a no temerle a lo que vive ahí, sino a apreciar lo que descubro de mi cuando tengo que habitar esos espacios.

De la misma forma eres capaz de darme el aliento, la fe, la valentía, la curiosidad, la intuición y las señales necesarias para dirigirme por espacios, caminos y misterios que reflejan aspectos de mi que jamás pensé que existían o era capaz de alcanzar o lograr. Es como si tuviera el poder de ser un alquimista, pero no sabía de tu capacidad hasta que se manifiestan las cosas. Si creyera más y dudara menos, ¿qué sería posible?

Hoy te escribo porque lo más simple o cómodo es ver lo que he logrado, las maneras en que me has apoyado a ser quien soy. Eso puede ser suficiente para algunos, pero en el fondo no lo es para ti. No por que tu lo exiges o lo demandas así. Pero si ese algo, ese deseo ardiente, sigue apareciendo en mi mente, en mi corazón y en mi vida, por algo es. Ahí es cuando requiero aprender a escuchar y no a ignorar, a no temer, a no dudar, a creer y a dar el paso de saber que existes y en su momento aparecerás y te manifestarás en su justa medida.

Lo que sucede es que tu existencia y tu razón de ser viven en el desafío. Es mirar el otro lado: lo que no he logrado o lo que no he manifestado. Tu no estas contando las veces que he intentado algo, sino el ver si he aprendido las lecciones que requiero aprender en mi camino, en mi jornada. Lo interesante es que tu no me obligas a hacer nada, pero el llamado está ahí. Tu no te impones, pero no te permites ser ignorado.

Mientras mi ego quiere demostrar, probar, ser visto, tu quieres elevarte, trascender, saltar en consciencia y en manifestarte. Mientras mi ego perpetúa el miedo, la duda, la inseguridad, la desconfianza, la mediocridad y el miedo al fracaso, tu suspiras con voz de calma, seguridad y certeza que el fin no es el logro, sino el crecimiento. Tu eres la voz del éxito, de creer en mi grandeza, de trascender mis limitaciones y, sobretodo, que merezco todo lo que Dios y el Universo tiene para mi.

Estas líneas reafirman tu existencia. Ya no puedo dudar de ella. Se que existes. Se que vives entre la realidad y lo metafísico. Se que eres una puente entre lo finito que pueden ver y apreciar mis sentidos y lo infinito de todo lo que me rodea y que puedes accesar para manifestar lo que sueño o lo que no me doy permiso a soñar. Hoy te escribo para honrar tu presencia y para reconocer el valor que tiene en mi existencia.

Hoy reafirmo mi compromiso a ser puerta para que puedas manifestarte. Ser escucha para oír tu llamado. Ser sentimiento para comprender el momento y que mi corazón baile de entusiasmo por estar en sintonía contigo. Ser consciencia para poder bailar con gracia entre los gritos de mi ego y los susurros de mi ser. Ser firme para no vivir para demostrar que existes, sino ser reflejo de cómo te manifiestas a través de mi. Gracias por llevarme por este camino llamado vida. Te honro, te admiro y seguiré mi proceso de conocerte hasta que me vuelva a reunir contigo en el todo. Y en la nada.

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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