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La Adicción Al «Yo Puedo»

La adicción al «Yo puedo»

Las deudas son un poderoso narcótico. Tienes que saber cómo usarlo, ya que puede ocurrir una dos dos cosas: te haces adicto y mueres de una sobredosis o sabes cómo usarlas de manera saludable y las eliminas de tu vida lo antes posible.

Esto lo escuché hace poco de la boca de uno de mis mentores. Cuando lo escuché, primero fue como algo normal, que me hizo sentido. Cuando comencé a internalizarlo y procesarlo, empecé a ver una oscura verdad de la que no me había dado cuenta. (O no había querido reconocer).

Un poderoso alucinógeno

Hay muchas narcóticos en esta vida. Y no me refiero literalmente a las drogas, sean legales o ilegales. Me refiero a lo que puede provocar o producir en un ser humano ciertas cosas que tienen ese efecto adictivo. Y, lo peor de todo, es cuando crees que lo haces porque es parte de tu razón de ser.

«Yo puedo» ha sido uno de mis narcóticos preferidos toda mi vida. Desde que tengo uso de razón creo que he sido un adicto a lo que vive detrás de esta frase. Es un poderoso alucinógeno que puede provocar delirios de grandeza, fantasías recurrentes, impulsividad, acciones justificadas o repetitivas sin medir consecuencias y no pararte a mirar lo más importante: el propósito.

El «yo puedo» puede ser el impulsador más grande de ideas, así como puede ser el fantasma que más rápido las mata. Puede ser como el trago que dices que uno más no te hace daño, pero un día te das cuenta de que no puedes controlar tu deseo de beber alcohol. Ese como jugar en el casino y cuando puedes retirarte de la mesa con las ganancias (o las pérdidas) decides seguir y no escuchar tu intuición.

La cara que oculta

«Yo puedo» es el elixir que te lleva a mostrar una cara de lo que quieres que el mundo vea o sepa de ti. El luchador, el guerrero, el que sabe, el que no se da por vencido, el que llega a donde nadie más ha llegado, el que demuestra cómo se hace (o como hacerlo). Pero puede ocultar la más importante: quién eres.

Al tener tantas inseguridades y carencias emocionales en mi vida, me hice de la idea que la mejor forma de llenarlas era demostrando que «yo puedo». Lo que fuera. Lograrlo, alcanzarlo, obtenerlo, acumularlo, superarlo y mantenerlo. Todo en el ánimo de demostrar que «yo puedo» mostrarle al mundo mi capacidad de logro. Que este podía superar cualquier expectativa y dejar atónito al mundo en el proceso.

La cultura del «yo puedo»

Vivimos en un mundo que premia al «yo puedo». Impulsa el «yo puedo». Motiva al «yo puedo». Y hasta condena el que no crea que «yo puedo». Jugar ese juego es normal. Es más, no jugarlo es ir en contra de lo esperado, de la expectativa y de la programación que tengo instalada en mi mente (y como yo hay muchos).

Todo era justificado por esa motivación. Desde cómo pensaba, cómo decidía, cómo veía las cosas, cómo me comportaba, lo que hacía y defender lo que se obtenía. Si no se obtenía, tenía la excusa o la razón por no haberlo logrado. Y volver a repetir el ciclo.

Una carencia nunca será llenada por un logro, sino por un proceso de sanación enfocado en devolverte a ti mismo quién eres, no que haces.

Dos problemas

Hasta que un día me día cuenta del problema que tenía. En realidad dos. Primero, era un adicto al «yo puedo». Y seamos honestos, el problema no es que querer más, alcanzar algo, soñar o lograr lo que más deseas. El problema es que si no me paro en algún momento en definir «quién eres», el «yo puedo» se convierte en un camino sin fin, un ciclo repetido, una adicción por el placer y no por la definición.

Yo tenía la adicción al «yo puedo» y no me había parado a responder el «quién soy» primero. El «yo puedo» me ha llevado a muchos lugares en el mundo. El «yo puedo» me ha permitido romper muchas barreras, enfrentar miedos, conocer lugares, personas y hasta sorprenderme de muchas cosas. Pero no responde a las preguntas más profundas y descubrimientos más importantes de mi razón de ser.

La oportunidad

La buena noticia. Veo la oportunidad que tengo. Hoy reconozco que he sido un adicto al «yo puedo». Tal vez lo siga siendo el resto de mi vida. Pero ahora tengo claro que lo tendré presente como las deudas. Es un narcótico y antes de que me vaya a matar por una sobredosis, es el momento de responder la pregunta de «quien soy» para seguir con el «yo puedo».

Una confirmación de esto lo leí recientemente. «¿Porqué haces lo que haces? Esta es una pregunta que debes hacerte frecuentemente para que puedas tener un grado de claridad del propósito por el que haces las cosas, no meramente el hacerlas». Hoy me encuentro como adicto en recuperación. Miro el orden con el que me respondo las preguntas para definir mi campo de acción. ¿Cómo usas el «yo puedo» en tu vida y cómo podrías elevar la manera en que lo usas?

Nota adicional: dos cosas. Este jueves 11 de marzo llevaré a cabo un Facebook Live de preguntas y respuestas abierto al mundo. Mucha gente me ha solicitado que lo haga para responder dudas, preguntas, inquietudes y lo que deseas saber que yo pueda servir de apoyo. Será a las 8:00 pm, hora de México. Puedes conectarte aquí https://facebook.com/jorgemelendezlc.

Recordatorio: la oferta tempranera del programa de «Mental Combat» se extiende hasta el 15 de marzo. Puedes saber más de este revolucionario e innovador programa aquí https://jorgemelendez.com.mx/mental-combat/.

El «yo puedo» no es el problema, sino saber «quien eres».

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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