Todos tenemos luchas. Una cosa es la razón por la que luchas y otra es lo que crees que mereces recibir de ella. Tres cosas que debes saber.
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La Adicción A La Lucha

La adicción a la lucha

Todos las tenemos. Las vivimos todos los días. Muchas no son reales, sino creadas. Producto de creencias que fueron insertadas en nuestra mente por cientos de años de programación limitante que ha sido parte de la humanidad. Hoy siguen nadando en nuestra mente en mayores cantidad y con más velocidad, porque están disfrazadas de manera que nos atraen, nos atrapan y nos seducen.

Bienvenido a tu campo de batalla. Al mío. Al tuyo. Al de todo el mundo. Ahí es donde se llevan a cabo las luchas.

¿Cuál de todas es la tuya?

Esa lucha a la que te enfrentas todos los días. Con ese enemigo, ya sea silente como verbal, que puede sacarte de tu centro, alterar tu mente, desequilibrar tus emociones y perturbar tu paz, por no decir tu sueño.

¿Es una lucha con algo que nadie conoce y jamás sabrá (por vergüenza, pena, dolor yo tristeza)?

¿Es una lucha con alguien que crees que nunca podrás sacar de tu vida y eres impotente o indefenso ante ella?

¿Es una lucha contra una fuerza misteriosa que no puedes identificar, pero crees que de alguna manera no te permite sacar lo mejor de ti u obtener ese que siempre has querido?

¿Es una lucha contra algo que no aceptas de ti, ya sea físico, mental, emocional, una aparente falta de habilidad o no alcanzas un nivel de perfeccionismo?

¿Es una lucha con tu pasado, con tu futuro o con la negación de ver o aceptar lo que vives en el presente?

¿Es una lucha con esos estigmas sociales, morales, religiosos, familiares o profesionales que te dijeron una y una otra vez que son imprescindibles para vivir o para ser «exitoso» en la vida?

¿Es una lucha con tus fantasmas con esa dicotomía entre lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, el todo y el nada, el tener una cosa o tener la otra, el ir de un lado al otro?

¿Es una lucha con el qué hacer, qué sigue, qué tal si, qué tal si no, qué será?

¿Es una lucha con los miedos, los temores, las dudas, las inseguridad, lo incierto, lo desconocido?

Yo no sé cuáles son las tuyas, pero si sé que todos las tenemos. Yo tengo las mías en este momento.

¿Más de lo mismo?

¿Qué vas a hacer con esa lucha? Yo sé que la lucha cansa. Es más, agota. Hay días que quieres enviar todo a la mierda. No hacer nada. Salir corriendo o simplemente dejar todo. Cuidado con decir, «pues, hay que seguir luchando». Eso es como estar en automático para algo que requiere que estés presente. Una cosa es luchar por luchar y otra cosa es hacerlo de manera inteligente. A final de cuentas: ¿cuál es el propósito de la lucha: luchar o ganar?

Seguir luchando del mismo modo tal vez no sea lo más efectivo o inteligente. Dejar de luchar tal vez no sea la decisión más inteligente. No es lo mismo tomar una pausa que tirar las armas. Como cantó una vez un gran salsero boricua llamado Gilberto Santa Rosa: «Pido la paz para este guerra. Quisiera devolver mis armas. Parar con esta hostilidad, que no conduce a nada. Te propongo una tregua«. Tal vez es el momento de entrar en una tregua contigo mismo. Al menos por un momento o un tiempo.

¿Qué tal si estás tan acostumbrado, tan entrenado, tan adicto a la lucha, que ya no ves lo más importante: la condición del campo donde luchas? Repito, no se trata de rendirte, ni de quitarte. Es una tregua, un cese al fuego. El estar tanto tiempo en la lucha no sólo te permite ver dónde estas en el campo, sino algo más importante: la condición en la que se encuentra el soldado.

Para algunos la batalla tal vez es nueva y llevas poco tiempo en ella. Para otros tal vez es una larga, que llevas toda tu vida en ella. Algunos ya llevan lo suficiente que creen o se dicen: «ahora no puedo quitarme o dejarla». En todos los casos, hacer una pausa podría tener valor por tres razones:

Ver cómo está el campo de batalla y dónde estás en él.

En qué condición se encuentra el soldado y el uso que le está dando a los recursos que tiene para salir airoso de la batalla.

Ver si tus actos en la lucha están alineados con tu razón para estar en la batalla.

Este último punto puede ser el más difícil de ver y aceptar. Puedes terminar saboteando tus avances o logros por pensar que no mereces lo que puedes obtener si ganas la lucha. Todos entran a la lucha pensando que quieren el resultado, pocos creen que realmente merecen el resultado. Ahí puede estar la diferencia entre luchar por luchar o luchar para lograr. Por eso te invito a que consideres, sólo por hoy, hacer una pausa en tus batallas y ver qué podrías hacer para alcanzar lo que más deseas. A fin de cuentas, es la razón por la que empezaste a luchar. ¿No crees que te lo mereces? Yo creo que si.

Todos tenemos luchas, cuidado con olvidar tres cosas sobre ellas. Foto: Erik Johansson.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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