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Esa Primera Oportunidad

Esa primera oportunidad

Todos los meses ella llegaba a la oficina de la editora y se sentaba a esperarla. Llegaba de manera sigilosa, pero algo apresurada. Saludaba de manera respetuosa y cortés, pero no se detenía a platicar con nadie en la oficina. Era como una emisaria que llegaba con un objetivo específico en mente y esperaba el tiempo necesario hasta que fuera atendida. (A veces podían ser horas).

Una vez salía de la oficina de la editora, se podía observar en su rostro una de dos cosas: alivio de haber terminado la espera o frustración por el tamaño de los pedidos que le hicieron. Pero salía de manera rauda y veloz, hasta el siguiente mes.

Fue durante una de esas esperas, que conocí su nombre y supe con claridad lo qué hacía. Helga Umpierre era su nombre y ella era la persona que se encargaba de hacer las páginas de programación de los programas de televisión que aparecían en el periódico donde trabajaba. Su visita mensual era para recoger la programación de todo el siguiente mes para llevarlo a su casa a descargarlo en un formato que enviaría al diario para que se publicara diariamente.

En esa misma visita también supe que Helga era dueña de un periódico de metafísica. Ella era una creyente de la energía, de la numerología y de muchas cosas que sirven para explicar el mundo más allá de lo físico. Mujer de un gran aura, una luz inmensa y dada a servir de muchas maneras. Un día decidimos tomarnos un café (ella té) y hablamos de su periódico de metafísica.

Nuestras charlas siempre giraban en torno a los muchos talleres, seminarios, retiros y cosas a las que asistía. Yo todavía no transitaba mucho en ese mundo, pero me llamaba la atención. Ella hablaba desde la consciencia, no el convencimiento. Fue durante una de esas charlas que ella mi hizo una invitación que acepté ingenua y atrevidamente, y que hoy fue una de las más importantes que tuve en mi proceso de crecimiento personal y como escritor.

¿Alguna vez has dominado algo lo suficiente como para sentirte cómodo haciéndolo, pero sabes que puedes ir a un siguiente nivel que no conoces? Elevar la calidad de lo que haces como nunca lo habías pensado, al grado de sorprenderte a ti mismo. Y en el proceso de hacerlo, no sólo mejoras lo que haces, sino que creces en muchos aspectos de tu vida personal.

Helga vió algo en mí que yo no veía. Especialmente en un campo como el crecimiento personal, a nivel de escritura en ese momento. Yo apenas daba mis primeros pasos. No se trataba de redactar algo bien escrito, sino que realmente fuera genuino auténtico, que enganchara a la gente y fuera un reflejo de algo que estaba trabajando, no sólo lo creía. Escribir de lo que crees es una cosa, revelar lo que practicas, porqué lo practicas y lo que está pasando en tu vida son otros veinte pesos.

«¿Porqué no escribes algo para «La Era de Ahora» (nombre del periódico)?», me preguntó sin dudarlo y sin titubear. «Creo que podrías escribir algo que aporte a la gente y sería una nueva línea de escritura para ti. A ti te gusta el arte, la música, el desarrollo de consciencia y todo lo que tiene que ver con el crecimiento personal», dijo Helga.

Mi primera reacción fue «¿Yo?, ¿Estás segura?». Estaba deseoso de explorar cosas nuevas y todo lo que se publicaba en dicho periódico me gustaba mucho. Era un asiduo lector del mismo todos los meses. El sentirme parte del grupo de colaboradores me asustaba, ya que pensaba que no daba el grado y el llamado «síndrome del impostor» («quien eres tú para escribir algo de estos temas si no tienes el conocimiento, la experiencia o la pericia», me gritaban las voces en mi cabeza).

Sin embargo, lo hice. Recuerdo algo claramente que fue un fuerte indicador de que algo estaba pasando dentro de mí. Sentí que escribir esa columna, fue como desnudarme, como empezar a mostrar partes de mí que nunca había expuesto, mucho menos de las que jamás había escrito. Fue un proceso de comenzar a buscar dentro de mí, de darme el permiso de decir con honestidad y hasta con un grado de vulnerabilidad lo que vivía, sentía y quería expresar.

Esos primeros meses fueron realmente de mucho aprendizaje y atravesar muchos miedos. Tuve que estar dispuesto a platicar con colegas escritores, amigos y con Helga muchas veces para poder sentirme seguro y que no estaba haciendo el ridículo. Fue como desarrollar otra serie de músculos que no sabía que tenía al momento de escribir. Estaba tan impuesto a escribir de una manera, con una intención y con cierto estilo, que romper con esos patrones me costó trabajo.

Jamás hubiese pensado que la mujer que llegaba a la oficina del diario donde trabajaba a esperar horas por mi editora, no sólo se convertiría en una gran amiga, sino que las páginas de su periódico de metafísica se convertirían en una escuela para mi en mi camino como escritor. Y todo porque ella creyó más en mí de lo que yo creía.

Fue una lección que jamás olvidaré. Que alguien crea tanto en ti, que te brinde la oportunidad. Que sabe que va a ser un proceso de crecimiento y que tendrás que enfrentar los dolores y miedos del proceso para llegar a una mejor versión de ti. Otro día te comparto como esto fue el inicio de que años más tarde me convirtiera en el dueño del periódico de Helga. Eso es historia para otro día.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay personas que creen más en ti que tú y te brindan una oportunidad que altera el rumbo de tu vida.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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