Llegó el momento de elegirte a ti y romper el ciclo. Eso si, va a requerir mirar donde menos te gusta: dentro de ti.
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¡Elígete A Ti Y Rompe El Ciclo!

¡Elígete a ti y rompe el ciclo!

Observación, paciencia y empatía. Ayer fue un día muy interesante. Justo cuando tenía mi mente puesta en comenzar mis actividades diarias, la vida me envía un mensaje de soltar el control. Una avería eléctrica en mi edificio me tuvo la mayoría del día sin servicio.

Mi primera reacción fue de impaciencia, ya que no había podido hacer algo que es vital para mi en las mañanas luego de meditar y orar: escribir mi blog. Y lo interesante es que antes de que se interrumpiera el servicio, había comenzado a escribir algo dos veces y se borraron. Hace tiempo que no me pasaba eso. En otro momento la ira y la impotencia hubiese sido queja para todo el día. Ahora, es una señal de que tal vez debo pensar un poco más lo que quiero decir.

El mensaje era demasiado obvio: suéltalo, fluye. Sin pensarlo dos veces, me fui a mi caminata diaria. Mucho antes de lo pensado. Durante la caminata, reflexionaba sobre lo que estaba sucediendo ayer más allá de lo aparente. Si, en la superficie eran las elecciones en mi país y en USA, pero en el fondo era una muestra de la condición en la que se encuentran muchas de las cosas que realmente decimos que queremos y buscamos como seres humanos, especialmente, en estos tiempos: valores, justicia, amor, confianza e igualdad.

Nada como observar el comportamiento de la gente en momentos cuando se deciden o definen cosas. Esto se hace aparente en momentos de crisis o de evaluar dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Hay dos cosas que son sumamente aparentes (y probablemente ya lo sabes):

  1. Hay mucho dolor en el mundo y este no va a desaparecer con promesas u objetos externos, sino con trabajo interno.
  2. Es bien fácil dejar de creer en todo: en Dios, en la gente, en el amor o en las cosas buenas, pero si no las reemplazas con algo de igual o mayor valor, nunca vas a encontrar la respuesta en nada. Terminas colocando en ese espacio emociones, creencias y actitudes de menor vibración que terminan creando más del punto 1.

El dilema principal es que este ciclo de la expectativa termina haciéndole más daño a la persona que lo carga, que a quién cree que lo dirige. Y tristemente, mucha gente cree que no lo sufre, no lo carga, no le toca y sólo sigue mirando hacia afuera. Culpa, queja, señalar, comparar, atacar, cancelar, ignorar o simplemente mostrar la fría indiferencia son hábitos tan arraigados, que ya creen que son parte de su naturaleza. No, son parte de una nueva normalidad. Ahí el peligro: el comportamiento y la manera en que se propaga o duplica como algo aceptable.

El trabajo interno nunca será solucionado con respuestas externas, por más tentador y atractivo que parezca.

Es bien fácil, tentador y adictivo caer presa de la reacción. Especialmente en estos tiempos. Hay tantos y tantos distractores: redes sociales, el circulo al que perteneces, la gente que siempre está enchufada a ese estado anímico, la política, la pandemia, la economía, la religión, la seguridad social, tu mente o tus propios demonios. Es fácil caer en querer ganarle al otro, darle una lección a tu rival, querer revancha o desquite o simplemente desear que suceda algo, pero que suceda.

Tal vez lo que tiene que suceder es contigo.

Es hora de elegirte.

Reconocer lo que pasa dentro de ti.

Dejar de huir o evitar el dolor.

Comienza el proceso de sanación.

Define y descubrir quién eres. No meramente lo que quieres.

Perdona y perdónate.

Reemplaza todo lo negativo con algo positivo.

Da, aportar y/o contribuir.

Repite el proceso cuantas veces sea necesario.

Apoya a otros a vivirlo también.

Y si, como dije al principio, será un ejercicio de observar, ser paciente y tener empatía. Primero contigo mismo, luego con los demás. Si no eres gentil, sutil y afectuoso contigo mismo, ¿cómo esperas serlo con el mundo? ¿O el mundo contigo? Como aprendí hace mucho tiempo, los cambios no son ni buenos ni malos, sino parte de vivir. Tal vez la señal que nos está enviando el Universo es que el cambio empieza en la parte que puedes controlar: a ti. ¿Qué esperas?

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Todo comienza contigo.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. No estoy de acuerdo en decir que el cambio no es bueno ni malo. En mi humilde opinión, el cambio siempre será bueno porque te hace reencontrarte, aprender, crecer e inclusive si el cambio fue para algo malo, siempre hay algo que la vida te quiere dar lección para aprender. Lo malo está que uno como persona no ve que en todo siempre hay una manera de crecer y prosperar. Depende de uno si toma esa oportunidad o no. Las personas que toman esas oportunidades siempre seguirán avanzando y ser mejor persona cada día.

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