El uso de tus talentos
“Estás pero no estás. Te veo, te oigo y pareces estar ocupado, pero no te siento. Una parte de ti, tal vez la más importante, no está por ninguna parte. Tu corazón. Eres una buena persona y me parece que tus intenciones son nobles, pero te veo ausente”. Auch.
A medida que escuchaba las palabras, se me estrujaba el corazón. No podía refutar nada de lo que me decía mi amiga. Entre sus lágrimas, su frustración y su decepción, estaba siendo puntual y honesta. No mentía, al contrario, estaba dando en el clavo.
Mi intermitencia.
En ese caso era de mis relaciones, pero aplicaba en muchos aspectos de mi vida. La intermitencia en lo laboral, lo emocional, lo personal y en todo aquello que representara mantener, sostener o elevar mi SER y mi HACER.
Esta mañana leía de esto en mi lección diaria espiritual del libro de Mark Nepo “El libro del Despertar”. La lección se llama “Talento” y fue como volver a ese momento en que mi amiga Susan me dijo esas palabras hace más de 25 años que me calaron tan hondo y todavía hoy me recuerdan la importancia de dar, de estar presente y, sobre todo, ser constante y consistente.
“Es el mundo el que está iluminado y nosotros quienes somos intermitentes. Como radios, luchamos entre nuestra estática para captar las ondas que siempre están ahí y, siendo humanos, somos incapaces de sostener la claridad necesaria para percibir la magia inherente en todo. Así vacilamos de lo extraordinario a lo ordinario, una y otra vez, y la mayoría culpamos al mundo.
No es sorprendente, entonces, que aunque nos sintamos dotados de manera intermitente, nuestros dones estén siempre presentes. Porque si la iluminación proviene de una claridad del ser, entonces el talento no es más que una claridad del hacer, un momento encarnado donde espíritu y mano son uno.
El principal obstáculo para el talento, entonces, es una caída en el ser. No es que las personas no tengan talento, sino que nos falta la claridad para descubrir qué es y cómo funciona.
El talento, al parecer, es energía esperando ser liberada a través de una participación honesta en la vida. Pero tantos de nosotros verificamos si tenemos poder con el interruptor apagado —ese interruptor que es el riesgo, la curiosidad, la pasión y el amor.
Con esto en mente, la felicidad puede describirse simplemente como la satisfacción que sentimos cuando estamos en plena armonía, aunque sea brevemente, en el ser y el hacer. En esos momentos unificados, nuestro propósito es la vida y nuestro talento es vivirla en su detalle más inmediato, sea secando los platos, barriendo las hojas o lavando el cabello de un bebé.
Así que, cuando no encuentro mi propósito, me ruego a mí mismo sentarme en un campo al sol observando hormigas con la esperanza de encontrar mi claridad. Cuando estoy convencido de que no tengo ningún don, me imploro buscar el interruptor, probar algo fuera de vista, arriesgarme en aquello que me llama tenuemente. Cuando caigo entre cometas, intento mirar peces nadar y escuchar aves deslizarse mientras avanzo a destiempo. Y en un temblor de fe, sé que si no intento nada, todo regresará con la misma certeza y rapidez con que la luz llena un vacío”.
Tú naciste con varios talentos. La pregunta no es si posees dones o capacidades para impactar y hacer una diferencia en el mundo, sino la manera en que eliges hacerlo y usarlos. Basta ya de ser inconstante, inconsistente e intermitente. Ni tú ni el mundo merece eso. Dalo todo e ilumina al mundo con tus dones, talentos y regalos.
¿Qué vas a hacer al respecto?

