Vivimos tiempos emotivos. Es fácil defender nuestros prejuicios sin mirar la manera en que seguimos cubriendo nuestra ignorancia.
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El Prejuicio, Las Emociones Y La Ignorancia

El prejuicio, las emociones y la ignorancia

Ayer escuché una frase que me tocó mucho. No sólo por lo que implica para el que le realmente le preste atención, sino el mensaje que encierra para mi. La persona que la mencionó primero la dijo de esta manera «el prejuicio es un compromiso deliberado hacia la ignorancia». Me impactó tanto que rápidamente busqué el autor y lo que quiso decir cuando la pronunció. El autor es Nathan Rutstein y dijo: «el prejuicio es el compromiso emocional hacia la ignorancia». Esta frase fue escrita desde una perspectiva espiritual (no sectaria o denominal) mirando el problema del racismo.

«El prejuicio es el compromiso emocional hacia la ignorancia»

Hay mucho que desempacar con esta frase. Wao. Qué mucho dice, implica y me toca. Personalmente, estoy claro que soy ignorante de muchas cosas. Es más, creo que he despertado más a la vida, a lo que me rodea, a quien soy y a lo ignorante que he sido en los pasados casi tres años, que en los 54 anteriores que había vivido. No sólo estaba dormido, sino pensando que estaba más despierto que muchos. La ignorancia no sólo es atrevida, sino que no tiene despertador y no te envía notificaciones para que lo sepas.

Vivimos tiempos muy emotivos. Por muchas razones. Ayer hablaba con un amigo sobre esto. Más allá de la pandemia y sus múltiples efectos, hay muchos detonadores y detonantes emocionales ocurriendo al mismo tiempo. Yo digo que estos tiempos, más que mostrar la condición en la que se encuentra la sociedad como un entero, dice dónde andamos cada uno sobre nuestra capacidad de aprender, de conocer o de seguir desconociendo. Especialmente, mirando un área de oportunidad: crecimiento emocional.

El peligro no es lo que desconozco o lo desconocido, sino defender algo que quiero sin saber que en el fondo desconozco lo que realmente implica defenderlo. Máximo cuando nuestras emociones nublan nuestra capacidad de entender, razonar, escuchar y, el más importante, avanzar y crecer. Eso lo digo por mi, no como un señalamiento a otros. (Si te aplica, que para bien sea).

El post y las interpretaciones

Hace unos días escribí un post en mis redes sociales enfocado en Colombia y lo que vive en estos días. El post hacía énfasis en dos cosas: primero, el amor que siento por Colombia y lo importante es que se cuiden y respeten los derechos humanos. No mencionaba a nadie, ni a quién implicaba. El post nació por una simple razón: mucho de lo que soy como facilitador de talleres se lo debo a Colombia. Han sido más de 25 años trabajando en un país que considero como un segundo hogar. Las reacciones y respuestas no se hicieron esperar. Tanto a favor de lo que dije, como en contra. El punto aquí no es defender lo que dije, ni atacar el que no estuviera de acuerdo.

El que sigue mi trabajo, verá que hice lo mismo cuando Bolivia, Perú, Ecuador, Santo Domingo, Estados Unidos, España, Argentina y, obviamente, Puerto Rico cuando han pasado por situaciones similares de inestabilidad y/o violencia. En cada situación hay personas (hasta de mi familia) que lo han tomado como alguien que habla o de la derecha o de la izquierda. Porque ahora, la tendencia es a ver todo desde el lente de ¿eres de la izquierda o de la derecha? ¿Estás a favor o encontra? ¿Eres rojo o eres azul?

El medio ha desaparecido

El medio parece que ha dejado de existir. Y no digo el medio de la mediocridad. Sino el medio donde puede haber una verdad donde convergen elementos de los dos lados: tanto de la izquierda como de la derecha. No hablo de extremismos, sino de condiciones y/o elementos. No hemos llegado a donde estamos como sociedad sin elementos de los dos lados. Si, tanto de la derecha como de la izquierda. Cuidado con rápidamente poner los sellos del comunismo o el racismo, ya que muchos tienden a escuchar esas denominaciones de manera implícita cuando se pronuncian las palabras izquierda o derecha.

El mundo, específicamente las redes sociales, las condiciones sociales, políticas, religiosas, económicas, sexuales y de tantos otros aspectos se tienden a mover hacia los polos. Hacia los extremos. O eres de uno o el otro. Ese juego alimenta a los que lo dirigen. Yo tengo la capacidad de elegir, de pensar y mirar si quiero jugar el juego. El medio no se ha muerto, sino que ahora se critica. Es como una especie en peligro de extinción. El problema de moverte hacia los polos o extremos no es si está bien o mal, sino la manera en que eliges hacerlo, sin la información o la profundidad necesaria para hacer una elección consciente. Nuevamente aparece la ignorancia.

La ignorancia antes dos preguntas

¿Cuánto de este desconocimiento es impulsado o acelerado por el miedo? El miedo a no saber, el miedo a la incertidumbre, el miedo a perder lo que tienes, el miedo a no tener para comer, el miedo a pasar hambre, el miedo a sentirte vulnerable, el miedo a sentirte expuesto. Ojo, no afirmo el miedo, sino la manera en que se presenta y puede operar en cada ser humano.

¿Cuánto de este desconocimiento es por querer preservar (en el aspecto que sea) algo por costumbre, por comodidad, por conveniencia, por privilegio, por estatus, por condición social, económica, religiosa, etc.? Una cosa es ser ignorante, como reconozco que lo soy en muchas cosas, que querer pasar por ingenuo o querer eliminar opciones para sólo preservar las mías. El mundo es complejo, requiere de soluciones que en muchos casos no son fáciles. Tal vez la única manera de alcanzarlas es escuchando, eligiendo y adaptando elementos de muchos lados y no solo dos.

«Somos reyes de nuestro propia ignorancia y súbditos del tamaño de su reino»

Eso lo escribí ayer confrontándome a mi mismo. Repito, no busco que estés de acuerdo conmigo. Yo puedo respetar tu punto de vista y hasta vivir en desacuerdo con ello, pero eso no hace el mío ni mejor ni peor que el tuyo si tu estás en desacuerdo con el mío. Yo elijo sumar en este momento desde una espacio donde no sólo voy a cuestionar y retar mi ignorancia, sino la de todos. No es casualidad que ayer haya fallecido un gran pensador y uno de los forzadores de la ontología moderna, el chileno Humberto Maturana.

El trabajo de Maturana, un biólogo, se centró el cuestionar constantemente lo que es la vida. Una de las cosas que más hizo Maturana, que impresionó hasta al Dalai Lama fue «no apegarme ni a mi propio campo de investigación porque ello estropea la objetividad». Tal vez hoy la vida nos está diciendo a todo algo muy simple: qué debemos aprender a ver de lo que desconocemos antes de querer defender lo que en el fondo estropea nuestra propia objetividad. Por el bien de todos, no sólo el propio. ¿Qué vas a hacer al respecto?

El prejuicio no solo refleja nuestro desconocimiento, sino nuestra ignorancia.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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