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El No Creer En Mi

El no creer en mi

Otra vez me encontraba en un lugar similar. Ni allá, ni acá. Estaba en el medio. Esta vez, contrario a otras, me dolía verlo, admitirlo, reconocerlo y observar como se repetía el patrón otra vez en mi vida. Nuevamente me encontraba con un tope, con una puerta, con tu pared y de ahí no podía pasar.

Recuerdo estar sentado en el segundo piso de un estadio. Desde ahí podía observar como todos los que habían podido lograr alcanzar ciertos logros disfrutaban de ciertos «beneficios o privilegios». Sabía que no podía estar ahí por no haber logrado ciertos criterios. Eso no lo hacía menos doloroso.

¿Porqué siempre llego al mismo lugar? Salir disparado como un cohete hacia la luna: con fuerza, con dirección y con una misión. Pero a medida de que el cohete comienza a elevarse, pierde su fuerza y su sentido de dirección comienza a nublarse o a desviarse. Llegar a un punto donde la fuerza de voluntad no es el impedimento, sino algo mucho más importante.

Este año ha sido reconocer cómo mi vida ha llegado a ese lugar. Un espacio donde puedo seguir haciendo una y mil cosas. Puedo crear mil y una cosas. Hasta puedo colaborar de una y mil maneras. Pero eso no va a cambiar lo que realmente pasa en mi y en mi vida.

Para poder llegar a ese lugar donde nunca he podido llegar, sea en negocios, sea en emprendimientos, sea en relaciones, sea en amistades, sea en lo que sea, requiere una sola cosa: creer en quién soy. Si, eso, creer en mi. Y no me refiero a creer como una afirmación que pueda decir todos los días y repetirla hasta el cansancio. Lo que quiero decir es creer de tal manera que no haya duda alguna. Así.

Esto que te voy a decir lo ha hecho mucha gente. Este año que ha sido como un periodo extendido de «sabática reflexiva mientras el mundo esta en pausa, pero hay que seguir produciendo, trabajando y buscar maneras de proveer», he tomado el tiempo para mirar mi vida. Pero mirarla a profundidad y con un grado de honestidad donde no pueda hacerme el idiota o el pendejo.

Detrás de todo lo que he mirado, bueno y malo, me guste y no me guste, lo que haya logrado así como las muchas cosas que NO he logrado, había algo oculto. Había algo que pensé que había liberado, soltado y hasta trascendido. Pero no. Todavía vive dentro de mi un niño que no cree mucho de si mismo.

Esto no lo digo para señalar a mi familia o a nadie en particular. Lo digo para liberarlo, para decirlo, para poder hacerme dueño de lo oculto, para poder mirar cómo trabaja cuando está al descubierto. Ese niño todavía cree que tiene que obtener reconocimiento, atención y esforzarse por ello es suficiente. Si no lo recibe o no lo logra se detiene, se desmotiva, se desilusiona y prefiere dejar de caminar, de seguir, de avanzar.

Es como si de repente las fuerzas que tenía para hacer algo desaparecieran. Se esfumaran o se evaporaran. Si, como adulto que he aprendido a trabajar con el comportamiento humano, reconozco que se llama «sabotaje, auto-boicot o ponerte el pie», pero hasta que yo no lo vea, lo acepte y lo reconozca, la información tiene poco uso.

Hay ciertos lugares en la vida donde por más fuerza de voluntad que tengas, no podrás entrar por una sencilla razón: la creencia que tienes de ti no coincide con la fuerza que muestra tu voluntad. Son esos espacios donde el mundo puede decirte lo que ve o lo que piensa, pero sólo tú puedes hacer el trabajo que se requiere para poder dar el siguiente paso.

Hoy puedo ver que esos lugares donde no he podido entrar, lograr, accesar o simplemente alcanzar, no ha sido por falta de fuerza, de empuje o de convicción, sino de creer en mi. Hoy puedo ver ese niño que cree que no merece muchas cosas, que no es capaz de alcanzar eso o simplemente jamás servirá para mucho. Sigue esperando a ser escuchado, atendido, abrazado y sanado.

Una vez leí que «todos somos niños heridos de alguna manera en cuerpos de adulto y el punto es poder empatizar con el adulto en su proceso de sanar hasta que el niño vuelva a aparecer». Sin duda el 2020 ha sido una manera de ver en la condición en la que se encontraba el niño en mi. El proceso de sanar, perdonar, reconocer y fortalecer la creencia en ese niño ha comenzado.

Eso es algo que me toca a mi. Sólo puedo ser paciente, empático, amoroso, sensible y observador del proceso. No se trata del reconocimiento, de la admiración o de la atención, sino de la sanación. Habrá momentos de reto, de desafío y hasta caídas, pero de la misma manera en que hoy puedo reconocerlo, mañana podré admirarlo.

Hoy tengo claro que los lugares donde no he entrado, lo que no he alcanzado o lo que no he obtenido tiene una respuesta: no creer lo suficiente en mi. Tomo total responsabilidad por ello y ahora comienza el trabajo de sanar. No por lo que puedo alcanzar, sino porque ese niño lo merece. ¿Qué vas a hacer por el tuyo?

Taller para sanar ese niño: Cierra el 2020 con fuerza, con voluntad, con esperanza. Este cierre de año puedes dar un viaje de música y crecimiento personal y darle un giro a tu vida. Por eso quieres ser parte del taller «Sueños 2021: diseña el mejor año de tu vida». Para más información, hay oferta de 2 personas por el precio de 1 hasta el 15 de diciembre. Mira aquí: https://jorgemelendez.com.mx/suenos-2021/

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Hay momentos donde la fuerza de voluntad no es suficiente, sino la creencia en ti mismo.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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