Todo el mundo está hablando de la serie "El Juego del Calamar" (The Squid Game). Hay tres cosas que vivimos a diario.
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«El Juego Del Calamar» Que Vivimos A Diario

«El juego del calamar» que vivimos a diario

Todo el mundo anda hablando de la serie de Netflix, «El Juego del Calamar» («The Squid Game»). Dado a que no estoy dedicando mucho tiempo a ver series, no me envuelvo mucho en la conversación. Me di la oportunidad de verla a lo largo de una semana. Son nueve capítulos (por lo menos la primera temporada), lo que hace que puedas verla sin sacrificar mucho tiempo.

La serie me encantó y me conmovió. Entiendo lo que dicen y piensan muchos: «otra serie o producción fílmica que alaba la violencia como parte de su trama central». Si la miras superficialmente, claro que puedes pensar eso a primera instancia. Eso mismo me pasó hace muchos años cuando no quise ver en el cine la película «Gladiador» (protagonizada por Russell Crowe). Pensaba lo mismo hasta que la ví en DVD (¿recuerdan ese formato?) y me di cuenta que la trama era mucho más profunda que meramente alabar la violencia, la revancha o la muerte.

El enganche

Una amiga me dijo que debería ver la serie porque alude de alguna manera a lo que es el diseño de métodos de facilitación, juegos y trabajo en equipo. Dado a que esto es parte de lo que hago, pensé que podría ser interesante y una manera de aprender algo nuevo. La realidad es que el mensaje y el impacto superó por mucho lo que esperaba. Fue un encuentro cercano del primer tipo con muchos de los cuestionamientos que viven dentro de mí, como ser humano.

Advertencia: no voy a entrar a evaluar la serie desde el aspecto técnico, ni actoral, ya que no es mi función, ni lo que hago en este blog. Tampoco voy a revelar detalles, trama o desenlaces de la misma, ya que no quiero arruinar la experiencia de aquellos que no la han visto. Ni entremos a las comparaciones de esta serie con otras películas o series. Hay muchas, válidas o no. Sí sugiero que la veas, por una simplemente razón: cuestionarte a ti mismo lo que crees de ti o del mundo en el que vives. No por querer demostrar si es cierto o no, sino por ver cómo te mueve o impacta hacia dónde vamos como colectivo. Mejor dicho, entrar en el cuestionamiento y abrir la conversación.

Dos puntos y una pregunta

Para mí hay dos puntos fundamentales en la serie y una pregunta que hace que la línea entre estos dos puntos pueda borrarse o perderse en ocasiones para el que no los tienes claros. Los dos puntos son: valores y propósito. ¿Qué viene primero? ¿Tener claro nuestro propósito o definir nuestros valores? Personalmente, yo pienso que esta es una de las razones por las que el mundo se encuentra en el estado en que se encuentra.

Vivimos en tiempos donde es bien fácil, y sugestivo, vivir una vida libre de un propósito. Si miramos la manera en que hemos sido educados (y aquí me refiero al macro – no solamente por nuestros padres – sino la sociedad en general), el enfoque y la energía está centrada en el tener, en el cumplir un objetivo social donde eres parte de una estructura que busca mantener a los que tienen, de los que no tienen. Eso ya lo sabemos y hemos visto la manera en que muchos logran salir del sistema, pero son muchos los que siguen estando atrapados en él.

La ilusión de la separación

El dilema comienza cuando caemos en la ilusión de creer que estamos separados, aislados y solos en este proceso. En el momento en que caemos en la trampa de que nuestro propósito gira en torno a tener, acumular y hasta en el hacer para satisfacer a un colectivo, comienza la llamada «callada desesperación», la lenta y carcomiente pérdida de la fe y la llegada del cinismo, la desconfianza y de usar como excusa lo que vemos a nuestro alrededor para justificar quiénes somos o lo que hacemos. Ahí comenzamos a justificar muchos actos.

No soy el primero en decirlo, pero si uno de los muchos que lo afirman. Ahora mismo el problema principal que vivimos como colectivo no es uno material, mucho menos de recursos. El problema que vivimos es uno espiritual. Nos hemos desconectado de nuestra fuente, de nuestra esencia y queremos ver todo desde el lente terrenal. Eso sólo perpetúa el problema y lo sigue escalando. Eso nos hace observadores y participantes de muchos juegos (Los juegos del hambre, El juego del calamar, Gladiador, Matrix y muchos otros).

¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

Somos muchos lo que hemos sido criados por una serie de valores. De cierta manera, son esos valores los que nos sostienen durante gran parte de la vida. Ahora, en el momento en que la vida comienza a tomar un giro hacia la derrota, el fracaso, los patrones repetitivos o lo inesperado, aquí los valores (la fe podría ser uno de ellos) comienzan a ponerse en juego. La acumulación emocional, mental, energética y, hasta cierto punto, la carencia de una espiritualidad, hace que el ser humano cuestione su razón de ser, su aporte al mundo, cómo su singularidad y su contribución (por pequeña que pueda ser) son parte de un todo perfecto y en sinergía constante. (Nuevamente, creemos que lo que importa depende del tamaño o de la impresión).

¿Qué sucede cuando no defines un propósito y una serie de eventos pone a prueba tus valores (los inculcados o los que nunca realmente has definido) ante dónde te encuentras en la vida o en el mundo? Aquí es cuando podemos ser tierra fértil (vulnerable) para ser seducidos por el tener y no el definir. Esa lucha, esa brecha, ese espacio, puede volcarnos hacia la luz (aunque sea arriesgada y requiera esfuerzo) o hacia la oscuridad (por más que sea seductora y llena de promesas de sanar nuestras carencias o vacíos pueda sonar).

Sí, «El Juego del Calamar» pone de manifiesto lo que sucede en el mundo. Especialmente a nivel individual. Cómo andamos en cuanto a definir un propósito y una serie de valores «no negociables», no importa las circunstancias. Si los tenemos claros, no van a faltar las tentaciones o las oportunidades para ponerlos a prueba. En algún momento todos tenemos que hacerlo. Sea por las buenas o por las menos buenas. De lo contrario, la pregunta de ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar? se convierte en una raya que mueves o cruzas de acuerdo a tu beneficio o tus necesidades y no una manera de sostener quién eres y porqué estás aquí. ¿Qué vas a hacer al respecto? Me gustaría conocer que te dejó la serie a ti como lección. Deja tu comentario, los leo. Gracias.

Hay tres cosas que me deja la serie «El Juego del Calamar» («The Squid Game»).

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene un comentario
  1. Trato de leer la mayoría de tus Blogs y cuando terminé de ver la serie hace unas semanas, pensé en el enorme mensaje que traía, sobre lo fácil que se pierden los valores cuando estamos al límite, y depues pensé en que quizá nunca estuvieron ahi y como todo solo somos una máscara, o dejamos ser el puro instinto de sobrevivir, me das un contexto diferente y soli puedo decir CIERTO!! GRACIAS por seguir escribiendo COACH

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