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El Hilo Invisible Que Mata Tu Libertad

El hilo invisible que mata tu libertad

Durante mucho tiempo una de mis limitaciones principales era «desvalorizar mi trabajo y mi persona». Lo hacía de muchas maneras. Primero, queriendo complacer a todo el mundo todo el tiempo. Otra eran mis inseguridades; queriendo que todo el mundo aprobara o me dijera que estaba haciendo bien o mal en lo que hacía. Sin mencionar el querer hacerme indispensable en lo que hacía para «que quisieran volver a buscarme o contratarte».

Todo partía de un simple aspecto: mis apegos.

Mis carencias emocionales, afectivas y mi escasez producto de mis miedos e inseguridades, me llevaban a buscar comportamientos que «compensaban o sobre compensar» lo que hacía. Era vivir con un grado de temor, inseguridad, indecisión y miedo en todo momento. Mi objetivo era querer lucir bien y demostrar que estaba haciendo todo lo que «se esperaba o debería» hacer para «que me aprobaran o me dieran reconocimiento».

No me funcionó. Y he visto que no funciona en general. Ni para mi, ni para nadie.

Todo esto lo hacía porque desde niño había estado atrapado en aprender a vivir de esa manera. Si no cumplía con lo que se exigía en la casa, habían castigo y consecuencias. Si no cumplía con lo que se esperaba en la escuela, la iglesia o el grupo de amigos, no sería aceptado o sería señalado. Junto al número de inseguridades que creía de mí, pensaba que comportarme de esta manera era la única forma de encajar, pertenecer, ser aceptado o simplemente «creyeran que podía dar el grado».

Vivía atrapado en estas creencias, comportamientos, actitudes y forma de vivir.

Hasta que me harté, me cansé, me fastidió y dije no más. Primero fue muy aterrador darme el permiso de liberarme de estas creencias. Me había inventado el cuento que si lo hacía, desprenderme, me quedaría sin trabajo, sólo, señalado y sin saber qué hacer o cómo vivir. Me había acostumbrado tanto y tanto a ser de esa manera, que ya lo había normalizado, me había acostumbrado y pensaba que «nadie sabría quién era si empezaba a ser de otra manera».

Esa era la mentira que me había inventado en mi cabeza.

El que no sabría qué hacer o quién era, era yo. Sí, yo nunca había definido quién era y quién quería ser sin esa máscara de «hipocresía cordial de todo bien». Era encontrarme por primera vez en mi vida sin ese piso donde me había acostumbrado a pisar. Y no pensar que sin ese piso, me inventé que caería en arena movediza.

Para nada.

Si buscas el significado etimológico de la palabra «desprenderte» es «soltar lo que te tiene atrapado». Es una especie de descubrimiento o sorpresa darte cuenta que en realidad el miedo que vivía detrás de mis apegos era «el miedo a ser libre». Dicen que el miedo más grande que tiene el hombre es hablar en público, seguido por morirse. Yo digo que le miedo más grande que tiene el hombre es saber que tiene la «capacidad de elegir a ser libre y no vivir atado de sus apegos».

Por eso vive encadenado y rehén de sus creencias. En este caso, sus apegos.

Como decía Anthony De Mello: es darte cuenta que tu mente se ha adormecido. Mucha gente vive de esta manera y nunca se da cuenta. Viven como prisioneros en una cárcel en su mente. Muchos se convierten en conformistas: se adaptan a esta vida de prisionero. Algunos se vuelven reformistas: luchan por mejores condiciones en la prisión. Pocos se vuelven rebeldes: revolucionarios que rompen esas paredes.

¿Qué hacer?

Observa, no analices. Observa como opera tu mente, tus comportamientos, tus actitudes y cómo son las personas a tu alrededor con este tipo de comportamiento. Vas a darte cuenta lo infantil, basado en miedo y lo poco auténtico que es vivir de esta manera. El observar te brindará la oportunidad de decir de manera afirmativa: «Hoy te dejo libre, para que sea quién quieras y elijas ser. Que pienses lo que pienses y te comportas como elijas hacerlo». Eso incluye todo tipo de apego, ya sea con personas, objetos, cosas y, sobretodo, contigo mismo.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Tu libertad vive en tú capacidad de desprenderte de tus apegos.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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