El espacio de nuestras relaciones es el más importante de todos. El dilema es que muchas veces no lo cuidamos y caemos en las expectativas.
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El Espacio En El Que Viven Tus Relaciones

El espacio en el que viven tus relaciones

Tarde o temprano, «Los 7 Espacios de tu Vida» tendría que pasar por uno importante: el de tus relaciones. Es un espacio vital en la vida de todo ser humano. Podría decirse que el mas importante, ya que como van nuestras relaciones va nuestra vida. No importa si eres el más extrovertido o más introvertido. Nuestras relaciones impactan la calidad, la dirección, el propósito y la manera en que vemos el mundo y la vida.

Dicen que las señales siempre están ahí, siempre y cuando estés abierto a recibirlas (y verlas). Uno de los problemas es que muchas veces no las queremos ver hasta que ya es demasiado tarde u obvio para no poder hacerlo. Antes de acostarme anoche estaba leyendo un libro de Oprah Winfrey llamado «La Sabiduría de los Domingos». El libro recoge una serie de extractos de las entrevistas que ella lleva a cabo en su programa «Super Soul Sunday».

Más que una pregunta, una señal

Leyendo parte de una entrevista con la autora y sanadora Iyanla Vanzant dijo lo siguiente. «He aquí la lección. Cuando te encuentres en una nueva situación, una nueva circunstancia, una nueva experiencia de vida, todo lo que requiere sanarse va a subir a la superficie de manera inmediata. Si no sacas un momento para respirar, para centrarte, para orar, terminarás haciendo lo que siempre haces. Así que requieres estar lo suficientemente claro, aterrizado y centrado como para decirte: ¿Cómo voy a manejar esta situación esta vez?»

En el momento en que leí la pregunta, supe que dos cosas: era una señal a escuchar y tomar en cuenta para este blog de hoy. Segundo, ¿qué mejor pregunta para mirar el aspecto de mirar el espacio de nuestras relaciones que esa? Si vamos a mirar espacio, es importante tomar en cuenta tres cosas. Primero, el espacio en el que se encuentra este aspecto ANTES de entrar en una relación. Segundo, cómo lo cuidas o se manifiestas cuando ESTAS en una relación. Tercero, ¿qué haces para limpiarlo, renovarlo, explotarlo o reinventarlo cuando sales de una relación o no estás en una?

La programación que ya tenemos

Todos fuimos criados por alguien. Ya sea por nuestros padres, o uno de ellos, por tíos, abuelos, hermanos, padres adoptivos, parejas de nuestros padres y, en algunos casos, la calle o gente no vinculada por sangre. Fuimos formados por alguien y/o por algo. La presencia o la ausencia de personas tuvo un impacto en lo que crecimos creyendo que son los valores, principios o formas de relacionarnos. Esa presencia y/o ausencia fue guardada en nuestra mente (consciente como subconsciente, especialmente) y se convirtió en dos cosas: prácticas y/o hábitos que llevamos a todas nuestras relaciones. Segundo, se convirtió en una impresión que marcó nuestro campo emocional tanto para bien como en otros aspectos para crecer y mejorar.

A mucha gente le cuesta creer que su manera de relacionarse con sus parejas, amigos, socios o compañeros de trabajo (y otros aspectos) tiene que ver con la manera en qué fueron criados o el impacto que tuvo en ellos su crianza. Tanto lo que obtuviste (o tuviste), así como lo que no obtuviste (o tuviste), se manifiesta en tus comportamientos. Todo lo que de alguna manera te impactó positiva como negativamente, buscas manifestarlo en tus relaciones. Tanto para sentirte pleno, como para aprender, liberarlo y crecer. Y lo repetirás las veces que sea necesario hasta que lo aprendas o te resignes, resistas, niegues o te cierres a no aprenderlo.

Este primer aspecto de saber lo que ya viene con el paquete es donde mucha gente se frustra, desilusiona, resigna, cierra, niega, resiste y perjura que no tiene que ver. Ahí es donde comienzan los círculos viciosos, la repetición de patrones, el sentirte atraído a personas o parejas similares, caer en relaciones disfuncionales o simplemente no querer tener relaciones por no querer sanar y trabajar con lo que traes contigo.

Sin pausa y con los mismos temores

«Vamos de los 20 a los 30 sin hacer una pausa. Pasamos de un trabajo al otro, de una cama a otra o de una pareja a la otra sin hacer una pausa. Toma un respiro. Una pausa», también dijo Vanzant en la entrevista. Si pudiera decirte la cantidad de gente que he servido en talleres, sesiones de coaches y en seminarios que «no saben cómo estar solos», es una lista larga. Mucha gente prefiere estar en una relación disfuncional o, sin definir lo que realmente quieren, por estar «acompañados». Hay gente que se va al otro extremo: se castigan no volviendo a tener una relación o pasan años sin tener una relación «por el temor a volver a equivocarse».

Aquí es donde mucha gente cree o confunde que «no saber estar solo o estar sin pareja por un tiempo» es la cura o el remedio del mal. La raíz del problema sigue estando ahí. Si no trabajas con la programación, la impresión, las carencias, el dolor o los patrones de conducta que ya tienes, vas a repetirlo tarde o temprano. Como dicen en los programas de «co-dependencia emocional». Lo primero que tenemos que mirar o reconocer es qué para sanarnos tenemos que soltar y/o alejarnos de tres cosas: cierto tipo de personas, lugares o cosas/objetos. Segundo, hacer el trabajo con nosotros mismos.

Como no queremos tocar el dolor, sino buscar el placer, creemos que el tiempo «sanará la herida». Eso sirve hasta cierto punto. Te brinda un poco de distancia entre el evento y tus emociones. Pero si no te abres a tomar responsabilidad por todo; abrir tu mente a ver lo que no has querido ver o aceptar; a reconocer los patrones de conducta o de pensamiento en los que tiendes a caer que te llevan a repetir ciclos en tu vida, el tiempo no te salvará. El trabajo es inevitable, hacerlo es opcional.

Cuándo y por donde empezar

No importa si estás soltero, casado, en pareja o sin pareja, divociado, viudo, buscando o no buscando, el trabajo hay que hacerlo. Tampoco si tu relación está bien, no tan bien y si puede mejorar (siempre se puede mejorar). Mientras más rápido comiences mejor. Al final del día, el trabajo es contigo, no con el otro. El otro es responsable de su bagaje o su paquete. Mientras más rápido tu comiences a identificar lo que tu cargas, lo que tu haces, lo que tu provocas (si provocas), lo que no quieres ver o creer de ti, las expectativas que te haces, el peso que le pones al otro, la manera en que manipulas y mucho más, más rápido lo aprenderás a reconocer en el otro y en ti cuando estés en una relación.

Aquí no vengo a hablar de las señales o indicadores si una relación anda bien o mal. Este blog está enfocado en ti (y me incluyo). Es mirar lo que no has mirado, mejorar lo que puedes mejorar. Sanar lo que no has sanado y crecer en lo que ni siquiera sabes qué podría elevarte a otro nivel. Contigo y con las personas con las que te relacionas. Te invito que mires todas tus relaciones, no sólo las de parejas. Muchas veces los hijos o los padres se convierten en nuestras parejas o las queremos sustituir por mascotas, por lo que no queremos sanar.

El espacio de la relaciones

Al igual que en el aspecto que hablamos ayer del espacio energético (puedes leerlo aquí https://jorgemelendez.com.mx/tu-vida-y-las-fugas-de-energia/), vamos a mirar lo que no hacemos. Las cosas que pueden ser incómodas, pero de mucho valor para sanar y liberarte en el aspecto de relaciones. Aquí algunas preguntas.

¿Cuáles son los comportamientos que tiendes a tener y/o repetir que afecta la manera en que te relacionas con la personas que te importan (pareja, familia, etc.)?

¿Qué patrones o ciclos tiendes a repetir en tus relaciones? (Pueden ser semanal, mensual, anual o cada cierto tiempo).

¿En qué momentos o situaciones te cuesta aceptar, reconocer, admitir o decir en tus relaciones?

¿Qué cosas de traes en tu bagaje que sería saludable sanar, liberar, soltar y/o perdonar?

¿Cuáles son las cosas tiendes a permitir, aceptar, tolerar, ignorar o no sabes confrontar (comunicar) en una relación con tal de «complacer, hacer feliz, no querer molestar/enojar o te da miedo decirlo o hacerlo por las consecuencias?

¿Qué no te brinda paz, claridad, tranquilidad o no te permite ser tú o sentir la libertad que quisieras en una relación?

¿Cuáles serían las cosas que tendrías que decir, hacer, corregir o trabajar de ti para empezar a hacerlo en tus relaciones?

¿Qué creencias limitantes cargas, ocultas o evitas enfrentar sobre ti mismo que piensas que el silencio, el tiempo, la resignación o el ocultarlas hará que desaparezcan?

¿Qué papel juega la conveniencia, la comodidad, la certeza, el control, el miedo, los apegos y los juegos (de todo tipo) en tus relaciones?

¿En qué tendrías que trabajar para cambiar la manera en que eliges las personas o parejas con las que te relaciones o la manera en que eliges comportarte o permites que se comporten contigo?

¿Cómo describirías la persona que te gustaría ser en una relación? (No hables del otro, sino de ti).

¿Qué tendría que suceder y/o que tendrías que estar dispuesto a hacer para lograrlo?

El estado en el que se encuentran tus relaciones dice mucho de cómo se encuentra el estado de la calidad de tu vida. Hasta que no hagas una pausa real para mirar el espacio en el que te mueves (y te has movido desde niño), es muy probable que sigas repitiendo los mismos ciclos y sigas evitando tener relaciones (de cualquier tipo) por pensar fuera y no mirar dentro. De ti depende limpiar y cuidar el espacio de tus relaciones. Tu no puedes controlar lo que hace el otro, pero si puedes elegir cómo respondes tú para que no sigas repitiendo (o evitando) lo mismo en ellas. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Hoy miramos el espacio de nuestras relaciones como parte de «Los 7 Espacios de tu Vida».

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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