Todos tenemos despertares en la vida. ¿Qué sucede cuando el que vives viene con tu nombre y es sólo para ti?
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El Despertar Que Viene Con Tu Nombre

El despertar que viene con tu nombre

Estoy despertando. A muchas cosas. Algunas a las que tal vez debería haber despertado hace mucho tiempo, otras que nunca supe que tenía que haber puesto un despertador. Es como despertar a algo que tiene que ver con todo, pero en particular tiene un mensaje para mi. Tiene que ver conmigo.

No miro mi acta de nacimiento, ya que no tiene que ver con la edad. Tampoco mido lo que haya pasado o hecho, ya que no tiene que ver con logros, fracasos o experiencias. No veo en lo que me rodea un espacio para comparar, ya que no voy a ver respuestas en lo que está fuera de mi. Este despertar viene con algo diferente. Algo que lo distingue. Que lo define. Tiene que ver con algo simple: el presente. Este momento que no puedo controlar, que no puedo negar, que no puedo evitar. Sólo. Estar.

Podría decirte que este momento que estoy (y estamos) viviendo ha contribuido (o aportado) a que este despertar hoy se manifieste, pero no es la razón misma del despertar. Este momento simplemente ha servido para que esos primeros rayos de luz que trae cada amanecer sirvan para romper con muchas cosas que mantuvieron a oscuras el horizonte. Y eso fue antes de toda esta situación.

La noche que lo antecedió.

La negación que lo afirmó.

El temor que lo evitó.

La inseguridad que lo extendió.

La indecisión que lo marcó.

Lo que hoy la luz muestra

Hoy esa luz que me despierta me lleva a ver muchas cosas que nunca había querido ver. Particularmente en y de mi. Ignorancia. Inmadurez. Intolerancia. Indiferencia. Superficialidad. Petulancia. Ego. Envidia. Inseguridad. Evasión. Incongruencia. Incredulidad. Duda. Mucho más.

Por eso digo que no miro mi acta de nacimiento. No para evitar mi edad, sino porque esto puede pasarme a mi a los 57 o a ti a los 17 o a ti a los 87. El punto no es a que edad ocurre, sino que haces con él cuando llega. De alguna manera me he sentido en una especie de sabática-aislada-trabajando. He estado socialmente y sanamente distante del mundo, pero he estado en una especie de cueva a prueba de balas, pero no a prueba de sentimientos. De esos que te despiertan.

Algunos por la intensidad. Porque llegan con mensajes, con imágenes, con revelaciones, con una energía que despierta. A ver, a sentir, a escuchar, a tocar, a oler, en fin, a sentirme de una manera en que nunca me había sentido. Es como si fuera un nacimiento, pero al a vez una muerte. Algo esta muriendo, algo esta naciendo. Otros han sido como un susurro, un suspiro. Pueden llegar como la brisa, inesperada, fresca y liviana o pueden llegar como mensajero de la noche cuando perfora el silencio y entra a tu consciencia de manera súbita y contundente.

«Todo en la vida se mueve hacia un movimiento perfecto»

Esa frase es parte de una lección del Tao Te Ching. Algo en mi comienza a moverse hacia un lugar. Mi energía, mi mente, mis pensamientos, mis actos, mis sentimientos, mis palabras y mis movimientos. Y lo interesante no es si me muevo. Aunque esté quieto, este despertar está conectado a un movimiento, interno, externo y de todo lo que me rodea. Es un movimiento que al sólo observarlo, implica despertar. Es un movimiento que es mucho más grande que yo. Si, me rebasa. Pero es de esos momentos donde lo que te rebasa no te hace sentir pequeño, indefenso o impotente. Al contrario, es como una especie de asombro, de acto de humildad, de gratitud, de transición. Despertar.

Lo interesante de todo es que es un despertar. Como todo acto de despertar, todavía tengo momentos de letargo, de querer volver a dormir, de acostarme, de querer volver al lugar donde estaba antes. Hay momentos que lo resisto, me niego, pero algo no me permite volver a donde estaba. Puedo volver a dormir, pero no puedo evitar lo que ha quedado en mi luego de despertar. Cuando despiertas, no hay vuelta atrás.

«El guerrero de la luz ha aprendido que es mejor seguir la luz»

Paulo Coelho escribió esta frase en uno de sus mensajes en «El Manual del Guerrero de la Luz». Como todo hombre, he sido muy entrenado a temerle a la luz, no a la oscuridad. Llevo años sumida en ella. Me he acostumbrado a no ver mis reflejos, a estar inconsciente, indiferente y muy cómodo a todos ellos. Esta nueva luz me intimida, como todo aquello que nunca había visto o reconocido, y tiene una fuerza muy particular: el poder de moverme a seguir caminando. No por lo que encuentre al final de ella, sino por lo que descubro mientras camino hacia ella.

En un momento donde el miedo, la polarización, los bandos, las críticas, las innumerables e interminables distracciones, el temor a detenerme a observarme y realmente ver quién soy, es bien fácil seguir dormido. Es cómodo sumirme a la resignación, a ser parte de la mayoría silente, de ser uno de los zombies caminando a plena luz del día atrapados en un mundo separado del mundo y de ellos mismos. Donde no tengo que pensar, que elegir, que ser responsable de lo que sucede a mi alrededor. No se trata de despertar para criticar los que siguen dormidos. Es hacer algo con la luz en medio de la oscuridad.

No es despertar a Nirvana

Si, este despertar ha sido rudo. Ha tenido sus momentos dolorosos. De ver y darme cuenta que las redes sociales no son lo único que me usa ahora mismo y yo soy el contenido que usan para venderme a otros que me ven como un producto. La data esfera ahora es sólo un lente magnificador que por años ha usado el gobierno, la iglesia, el comercio y muchas aspectos más, para que yo siguiera dormido y ser parte de la procesión. Ahora es evidente lo que antes no lo era.

Este despertar es mucho más grande, profundo y enmarca más que meramente madurar, saber o crecer. Ya no es sólo información que puedo usar para señalar o culpar a otros, mucho menos victimizarme por ser parte de un esquema que muchos han explotado. No, no puedo. Como dijo Nelson Mandela hace mucho tiempo: «no puedo seguir perpetuando el ciclo de violencia. Es hora de practicar la compasión y el perdón y salir al mundo a hacer la diferencia». Ese es el llamado que implica este despertar. Ser un activista, llevar el mensaje de despertar a otros y no sólo contarla como un capítulo de vida. ¿A qué estás despertando tú ahora mismo?

Todos vamos a tener despertares. Hay algunos que solo vienen a tu nombre. Foto: Erik Johansson.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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