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El Blog Que No Quieres Leer

El blog que no quieres leer

Quedas advertido. Este blog probablemente no quieras leerlo, pero sí mereces internalizarlo. Sí, no porque diga una verdad absoluta, sino porque toque algo que lleva tiempo sin tocar. Algo que puede despertar muchas emociones, pensamientos y actitudes, pero realmente esta dirigido a algo muy esencial en ti. Así que lees a tu propia discreción.

Nada quiere serlo. De alguna manera tu tal vez lo dices o lo piensas. Todos dicen que no lo son. Es más, se sienten atacados, se defienden a morir y hasta comienzan su versión de «El Imperio Contrataca» (de la Guerra de las Galaxias) si le dices que se están comportando como tal. Algunos hasta se alejan, se molestan, te desahucian, te ignoran y, en algunos casos, te dejan de hablar.

Cuando se hacen la víctima.

Sí, la palabra víctima es una que nadie quiere sentirse asociado a ella. Es un término que muchos asocian con debilidad, incapacidad, impotencia, incompetencia, inferioridad o todo aquello que toca algo que duele. Muchas veces se refleja en ira y no aceptar la realidad.

Pero no importa lo que diga la gente, ni lo que dicen los hechos, hay algo que no se puede negar. Mucho menos esconder. La manera en que dices lo que dices para justificar tu manera de ver las cosas y querer creer que tu forma de verla «es cierta, es justificable, es razonable y es suficiente para exonerarte de cualquier cosa». Recuerda, hacerte la víctima no tiene que ver con lo que pasó, sino con la manera en que sigues viendo lo que pasó (o sigue pasando en tu mente).

Tu puedes creerte lo que dices, pero eso no te exonera de hacerte la víctima.

Si ser responsable es estar dispuesto a elegir la interpretación en que las circunstancias no limitan tu capacidad de ser más grande que ellas, si lo primero que haces es defenderlas y excusarte de ellas, pregúntate, ¿en qué te estás convirtiendo? Una víctima. Algunos tal vez van a dejar de leer lo que sigue, pero ahora es cuando más quieres seguir leyendo. Aunque te moleste o no quieras creer lo que te esté diciendo en estas líneas.

Seamos honestos, al ser humano no le gusta lucir mal. Tampoco le gusta reconocer muchas veces lo que no está dispuesto a aceptar, admitir o reconocer de sí mismo. Ni digas lo que es reconocer las derrotas, equivocaciones, fracasos, intentos fallidos o que el mundo no admire su esfuerzo (lo que es otro tema). En vez de aprovechar la oportunidad para reconocer su humanidad, su vulnerabilidad y su área de oportunidad, ahí muchos redoblan su esfuerzo en el orgullo, la prepotencia, la soberbia, el enojo o la negación en sus muchas caras para defender una historia.

La historia que te victimiza. La que te mantiene en un lugar cómodo. Llega un punto donde lo haces tan y tan bien, que el mundo deja de cuestionarte, de retarte y, como por arte de magia, crees que es cierto. Una realidad. Y lo es, sólo para ti.

El mundo ya te deja en paz. Te deja tranquilo. Dicen «para qué invertir el tiempo, si esta persona no quiere escuchar, reconocer la realidad y, sobretodo, ver la verdadera oportunidad que tiene al frente. Y así sigue caminando. Pero tú no estás tranquilo. Especialmente, cuando estás contigo mismo. Ahí te das cuenta que te falta paz, serenidad, plenitud.

Te rodeas de gente con circunstancias similares. Con dramas similares. Se identifican. Se atraen. Y sus conversaciones públicas, como privadas, se parecen mucho. Algunos optan por sentirse diferentes y prefieren aislarse, distanciarse, separarse o vivir solos «por no ser entendidos». El problema no es de entendimiento, sino el defender lo que mas defiendes para no mirar lo que te puede llevar a crecer.

¿Qué vive al otro lado de una persona que se victimiza? Entiendo que muchos van a decir «una persona responsable», pero ese es el camino. La responsabilidad es la brecha por donde cruzar. Lo que vive al otro lado de una persona que se victimiza es la oportunidad de crecer, de liderar, de tener una experiencia de ti mismo y de la vida muy diferente.

De alterar tu mente. Ordenas tus pensamientos de otra manera. Especialmente, comunicas de otra manera. Lo que primero que matas o eliminas de tu vocabulario son las excusas, las justificaciones, los cuentos, las historias y, sobretodo, las razones justificables para defender el no haber cumplido, logrado o sostener lo. que dices que vas a hacer. Y sí, pasan (y siempre seguirán pasando) cosas que NO PUEDES Y NO VAS A PODER CONTROLAR. Ahí es cuando más quieres practicar la responsabilidad, matar tus excusas y presentarte humilde, vulnerable, expuesto y aceptar lo que te cuesta.

No es fácil. Es una habilidad que empieza en tu mente, se extiende a tus comportamientos y, lo más importante, se escucha en tus palabras y en tu manera de comunicar. Cuando hablas (con alguien o a solas contigo), si escuchas excusas, justificaciones, razones o defensas, sigues en la tierra de la victimización. Cuando eso deja de existir en tu mente y en tus palabras, has entrado en un espacio donde la responsabilidad es el pase de entrada, pero la libertad y el liderazgo son tu nuevo camino.

La práctica es requerida. Para eso estás en la tierra. Vives todos los días. Conectas con gente. Vives situaciones, diferencias, contratiempos, conflictos, dolores, alegrías, triunfos, fracasos, caídas y todo lo demás. Cada una presenta la misma oportunidad: dejar de ser una víctima y practicar la responsabilidad. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay una palabra que no nos gustar aceptar y reconocer, pero sale de alguna manera de nuestra boca.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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