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El árbol De Tu Vida

El árbol de tu vida

Este fin de semana tuve el privilegio de facilitar un taller para un grupo de emprendedores, profesionales y jóvenes lideres. Un tema recurrente que suelo seguir escuchando, tanto en el coaching, la consultoría como en talleres de crecimiento personal es cómo la gente puede manejar temas o aspectos como la «ansiedad, las distracciones, las decepciones, las emociones tóxicas y la gente que no aporta o agrega valor».

Esas cinco cosas que acabo de mencionar podrían ser el tema principal de un libro cada uno, de manera individual, los cuales ya existen. El detalle es que cada uno de estos aspectos requiere el desarrollo de una serie de habilidades, técnicas o destrezas específicas. Todas tienen algo en común: pueden ser tocadas a la vez si desarrollamos una parte muy importante de quién somos. Esa parte se llama tu espiritualidad.

No estoy hablando de religión, ni tampoco estoy hablando si crees o no crees en Dios. Estoy hablando de creer en algo más grande que tu. Una vez escuché que espiritualidad «es la habilidad de fortalecer aquello que nos da vida que no lo podemos ver, pero si lo podemos mostrar».

La primera vez que escuché esa definición mi reacción ignorante, limitada y repleta de juicios fue: «yo no soy religioso, pero creo en Dios. Yo prefiero no seguir una religión y tener una relación personal con un Ser Supremo o el Universo (para no llamarlo Dios)». Con el paso de los años he descubierto, por experiencia propia, y por poder observar el comportamiento de mucha gente, especialmente en los últimos veinte años: que vivimos desconectados. Lo más fácil es decir que no creo y no examinar el origen de mi incredulidad.

Vivimos desconectados de nuestras emociones, desconectados de lo que nos rodea, desconectados de la vida, desconectados de nuestra mente, desconectados de nuestros hábitos y costumbres (especialmente los inconscientes) y vivimos desconectados de nosotros mismos. Nuestro afán de protegernos, de cuidarnos, de preservar, acumular o demostrar lo que creemos importante, hemos perdido contacto con lo más simple: lo que nos da vida. Requiere un gran esfuerzo cuidar esa conexión con todo lo que nos rodea que tenemos cuando nacemos y vamos cerrando con el paso de los años.

Si lo fuéramos a llevar al nivel más definido y simple, la mayoría de la gente cae en una de dos categorías: los que creen y los que no creen. Ahora, mucho de los que creen en un Ser Supremo o un contexto espiritual muchas veces no practican algo que realmente los acerque, los conecte o realmente muestre un crecimiento consistente y profundo con ese aspecto de su vida. Es como si la creencia fuera suficiente para sostenerlos, pero el desconocimiento de tantos aspectos de lo que es el campo espiritual los lleva a generar expectativas irreales (o un desfase) entre su experiencia humana y el conocimiento espiritual.

Muchos de los no creyentes usan la ausencia de creer en algo como una razón para justificar acciones que reflejan mucho más que «el no creer en un Ser Supremo o un mundo espiritual». En muchos casos se puede apreciar un grado de desconexión que mata su propia humanidad. El que elijamos no creer en algo no quita la realidad de lo que somos: un ser humano que siente, piensa y puede elegir lo que hace y cómo lo hace.

Existe un gran grupo que está compuesto de creyentes y de no creyentes: los que no tienen un practica definida, comprometida y consciente de lo que dicen creer. Ahí es donde está la oportunidad para todos. ¿De qué me sirve decir que creo en algo que si no practico u honro lo que me define como ser humano? Si soy un ser espiritual teniendo una experiencia humana, requiero conocer y practicar lo que define una parte integral y vital de lo que soy y quién soy. ¿De qué me sirve decir que soy un no creyente si mis comportamientos no reflejan un nivel de humanidad, irrespectivo de lo que no creo?

Una de las cosas que he leído y escuchado muchas veces, de muchos grandes sabios y maestros (desde Abraham Lincoln hasta Caroline Myss), es el vacío o hueco espiritual que cargamos los seres humanos, tanto a nivel individual como colectivo. Si miras a tu alrededor vemos que el mundo ha encontrado muchas razones para no creer en algo, pero no ha buscado reemplazarlo con una creencia de igual o mayor valor de la que tenía. Lo que hemos hecho es sustituirla por cosas de menor frecuencia y valor, que sustenten nuestra sobreviviencia y no nuestra trascendencia.

Trascender es ir más allá de lo que somos. No me refiero a tener éxito o logros. Para trascender lo que somos se requiere conocer un origen, un porqué o un para qué y cómo esto nos hace parte de un todo, de un colectivo. Yo no necesito saber si existe un Dios para saber qué cosas puedo practicar para trascender como persona. Por otro lado, tampoco puedo justificar hacer acciones que muestran mis apegos con el mundo material, la aprobación o lo superfluo y decir que creo en Dios o soy un ser Espiritual. Nuevamente, ahí es donde vive la oportunidad para todos.

No se trata de lo que crees o no crees, sino lo que practicas. El mundo de hoy esta lleno de razones para creer o no creer, para hacer y no hacer, para justificar o para erradicar. Si vemos lo que sucede en tantas esferas de nuestra sociedad, en el mundo entero, las creencias nos siguen separando y no miramos lo que nos puede unir: nuestras prácticas. Al final del día la pregunta que todos tendremos que respondernos es: ¿qué reflejan mis prácticas, más allá de mis creencias, que honran la vida y lo que soy? Mañana vamos a hablar de las prácticas que llevamos a cabo, más allá de ser un creyente o no creyente, que definen mucho de nuestra identidad de vida.

¡Gracias por leer este blog! Te invito a que lo compartas con gente como tu que quiere crecer y mejorar y que se registren en nuestra página (si no lo han hecho).

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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