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El Amor En La Disciplina

El amor en la disciplina

Ayer hablaba con un cliente, un empresario al frente de varios negocios muy exitosos. Es una persona que podría describirse como un «over-achiever» o persona que suele alcanzar más de lo que se espera. Una persona que trabaja consigo misma, que cree mucho en el crecimiento y el desarrollo personal, el trabajo espiritual y que siempre busca obrar y hacer el bien en el mundo.

Ahora, como persona bien ocupada, suele tener el constante dilema de no poder hacer las cosas con la constancia y consistencia que quisiera. Comienza una nueva rutina, por ejemplo, sacar tiempo de lectura todos los días. Por espacio de una a dos semanas es consistente, pero ya para la tercera o cuarta es intermitente y entra en periodos donde podrá pasar semanas sin poder cultivar ese objetivo que quisiera por las demandas de tiempo y de su presencia que sus empresas exigen. ¿Te identificas con este tipo de comportamiento? Yo si por que he pasado por esas etapas. (Esto es muy común cuando queremos cambiar hábitos alimenticios, crear nueva prácticas espirituales, etc.).

Durante la plática hablamos de la diferencia entre tener muchas rutinas y crear disciplinas. Si miras la cantidad de actividades diarias que llevas a cabo, te darás cuenta que hay muchas rutinas. Definamos rutinas como actos que realizas diariamente por diferentes razones (cuidado o higiene personal, trabajo, familia, etc.). El dilema es lo que provocan estas rutinas en nuestro campo mental, emocional, espiritual o energético.

¿Qué rutinas provocan en ti placer, gusto, alegría o gozo? ¿Qué tipo de actitud exhibes cuando llevas a cabo estas rutinas? ¿Qué está pasando por tu mente mientras haces la rutina? ¿Cuál es tu nivel de energía durante el acto? ¿Qué sentido de conexión tienes con lo que haces y la gente que te rodea mientras lo haces?

En mi experiencia como coach, consultor y por experiencia propia, la gente tiende a crear una especie de actitud hacia las rutinas. Aquellas que no están conectadas con un propósito suelen hacerse con un nivel de desconexión emocional, mental y/o espiritual más alto. Hasta las que sí tienen un nivel de importancia también muestran este tipo de comportamiento. Tu puedes amar tu trabajo y tus hijos, pero odiar levantarte temprano todos los días. Puedes amar a tus hijos, pero hacer tarea con ellos a diario es un ejercicio de paciencia y/o tolerancia.

Disciplina es llevar una rutina a otro nivel. Primero, está conectada con un propósito. Este acto tiene un objetivo que está muy ligado con un sentido de realización, crecimiento, desarrollo y revelación personal. Hay una conexión y un vínculo muy importante entre lo que se hace y quién lo hace. Más que un acto, es una relación consciente.

La disciplina comienza como una decisión de hacer algo que quieres desarrollar o alcanzar. Es como saber que si quieres alcanzar algo vas a tener que estar dispuesto a hacer un sacrificio, redoblar esfuerzos y pagar precios, pero estás enfocado en quien quieres ser, no tanto lo que deseas alcanzar. Jim Rohn dijo una vez: «declara convertirte en un millonario no por el dinero, sino por ver y descubrir en la persona en la que te conviertes en el proceso de lograrlo».

Crear una o más disciplinas implica dar de ti al proceso. Más que obtener algo, es lo que vas a dar de ti sin importar el resultado. Es decir: «voy a darte mucho amor porque me importas y quiero ver en la persona en la que me convierto al dar todo este amor». Por el contrario, en muchas rutinas que hacemos a diario podemos ver el nivel de desconexión emocional que hay entre lo que se hace y quién lo hace.

Una disciplina es saber que no es cómodo, pero estás dispuesto a hacerlo porque te importa. En el nuevo libro de #RobinSharma #Elclubdelas5am dice que la creación de un nuevo hábito tarda 66 días: los primeros 22 días para «des-construir» los viejos hábitos que tienes en tu mente mientras comienzas o creas uno nuevo. Los segundos 22 días son el periodo para instalar el nuevo hábito en tus mentes (conscientes y subconscientes). El tercer y último periodo de 22 días es para la «integración» del hábito en tu vida.

En fin, todo suena muy parecido o similar, aunque tienen sus grandes diferencias. Rutinas son comportamientos repetidos. Disciplinas son actos repetidos con un nivel de consciencia y emoción muy diferente. Una persona disciplinada piensa y se comporta muy diferente a una persona llena de rutinas.

Disciplina implica un nivel de consciencia y de claridad en lo que se hace y porqué se hace, mientras lo rutinario muestra una clara ausencia. ¿Qué vas hacer al respecto? El lunes vamos a completar este tema mirando el desarrollo del músculo de la disciplina.

¡Gracias por leer este blog! Te invito a que lo compartas con gente como tú que esta comprometida con crecer e impactar al mundo.

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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