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De La Frustración A La Libertad

De la frustración a la libertad

Cuando estás por explotar en una discusión con tu pareja, tus padres, tus hijos, un amigo, un cliente, un compañero de trabajo.

Ese momento cuando sabes que tienes esa idea en tu mente, pero no sale. O no sale como tú quisieras que saliera.

Tu manera de decir las cosas no se entiende, no la comprenden o simplemente no produce el efecto o la reacción que quisieras.

Le has dedicado mucho tiempo a algo; un proyecto, una idea, una relación, un empleo, un negocio o algo que es importante para ti, pero has llegado a un punto donde estás atorado.

Esos pueden ser algunos de los momentos o de las maneras en que puede aparecer tu amiga la frustración. No sé a ti, pero he vivido estos momentos muchas veces. Y estoy muy seguro que los seguiré viviendo.

¿Qué relación tienes, hasta el momento, con la frustración en tu vida? ¿Qué impacto tiene en tus resultados la manera en que te relacionas con ella? ¿Qué poder le has dado a la frustración para que se apodere de tu mente, tus emociones, tus comportamientos, tus acciones y, en muchas ocasiones, tus resultados?

Hace mucho tiempo escuché una definición de frustración que siempre se ha quedado en mi mente. «Frustración es empure contigo mismo porque la gente no hace lo que tú quieres (o quisieras) que hicieran». Si buscas la definición práctica es «sensación de enojo por la aparente inhabilidad de poder cambiar algo o lograr algo deseado».

Si buscamos la raíz etimológica de la palabra dice: «hacer fracasar. Engañar. Hacer inútil». Me parece que esta definición dice que que hay un sentido personal de «perder, fracaso o sentirse inútil». Si unimos esta raíz, con lo que una vez me dijeron y la definición aceptada, «es un sentimiento con uno mismo por la incapacidad de lograr algo que quisieras lograr».

¿Cómo manejar la frustración en vez de que ella se siga apoderando de ti en esos momentos?

Esta pasado fin de semana estaba colgando unas cortinas en mi departamento. Todo iba muy bien hasta que llegó el momento de colgar el último gancho de cortina y la pared no cooperaba. La frustración comenzó a apoderarse de mi. Ya había hecho varios intentos y no quería hacer varios agujeros en la pared con el taladro. En otro momento lo dejó ahí o busco a alguien que lo terminara. Esta vez no.

En estos días tuve una discusión, no muy amena, con un amigo. El tema era la manera en que los dos estábamos viendo una situación. La frustración comenzaba a elevarse en mis entrañas y aunque el tono de mi voz no aumentaba, el calor dentro de mi cuerpo sí se elevaba. En otro momento hubiese hecho un gesto de desagrado, impotencia, un suspiro irónico, o abandonaba la conversación. Esta vez no.

El año pasado escribí un libro que estuve casi dos años escribiendo. Justo cuando lo terminé y comenzaba a buscar un editor, en medio de una sesión de meditación (silencio), me llegó un mensaje muy claro. «Esto no es el momento de publicar este libro. Lo vas a publicar, pero luego de escribir otro libro primero». El sentido de desconcierto, frustración e impotencia era enorme. Pero a la semana después me llegó otro mensaje similar en otra sesión de meditación. En otro momento «me hubiera valido madres y hago lo que me da la gana» y sigo con el proceso de publicarlo. Esta vez no.

La creatividad (las respuestas) se manifiesta cuando te sales del medio.

Durante mucho tiempo mi deporte favorito era tener la razón. A cualquier costo. Si eso implicaba distanciarme, enojar o molestar a cualquier persona, mala suerte. Lo importante era demostrar que tenía la razón o los argumentos para que se hiciera lo que yo quería. Vivía cegado y, peor aún, seguía pensando que el objetivo era tener la razón y que se hiciera lo que yo quería. Así la ingenuidad es atrevida. Peor es la ignorancia. Y la inmadurez.

¿Qué tal si el darte espacio entre la situación y tu emoción de frustración puede ser una oportunidad para ver lo que en ese momento no alcanzas a ver o procesar? Con las cortinas opté por respirar, soltar el taladro y darme un espacio para buscar otras opciones. Preguntarle a una amiga cómo manejaría la situación. Escuchar.

En la discusión con el amigo opté por entrar en silencio y hacerme una simple pregunta: ¿qué tal si lo que estás sintiendo no tiene nada que ver con tu amigo y tiene que ver contigo mismo? En ese momento opté por buscar el silencio, caminar y reflexionar sobre mi creencia interna de querer que se hagan las cosas como yo quiero o tener la razón. Reflexionar. Mirar adentro.

Con el libro, desde que solté mi apego de que las cosas tuvieran que ser de una manera, se ha abierto el concepto del libro que voy a escribir y me ha abierto muchas puertas a mi creatividad el simple hecho de hacer algo: soltar y fluir. Sí.

Jamás olvido la historia de Elizabeth Gilbert y la manera en que tuvo que manera la frustración luego de haber escrito su libro «Come, Ama y Reza». Estuvo más de un año pensando que libro escribiría después del éxito que tuvo ese libro. Luego entró tarde el libro que le siguió y cuando lo entró, prefirió desecharlo porque sabía que no era el libro que «realmente» quería y merecía escribir. Eso es aprender a manejar la frustración y no dejar que ella te maneja a ti. Lo hizo al darse un espacio de tiempo para pensar, reflexionar, soltar y estar dispuesto a hacer algo diferente.

No tener la razón. Menos apegarse a ella o querer hacer las cosas a su manera. Soltarlo todo y dejar que algo más grande se manifieste cuando sueltas tus apegos, tus compulsiones y tus creencias que sólo te llevan a ver lo mismo. ¿Qué vas a hacer al respecto?

¿Qué relación tienes con la frustración?

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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