Si la moda es tomar cursos en línea, el vestido del momento es desertarlos. Cuidado con eso, ya que refleja algo que no tiene que ver con el curso, sino con una mentalidad donde radica el problema.
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¡Cuidado Con Desertar!

¡Cuidado con desertar!

En estas últimas semanas he podido observar una tendencia muy interesante: el nivel de seriedad que la gente le pone a sus espacios de aprendizaje. No cabe la menor duda de que en estos momentos la gente está corriendo hacia tomar cursos, participar en webinars, ser parte de programas y mucho más. El punto, ¿qué nivel de seriedad le estás dando a tu proceso de aprendizaje?

El otro día un gran amigo me dijo que el nivel de deserción de muchos cursos online rondaba por el 70%. Ese número es bastante alto si consideras que no estamos hablando de niños o adolescentes, sino de adultos y de profesionales en muchos casos los que están participando en estos cursos. A los niños y jóvenes se les perdona, a los adultos se les observa.

Hay muchos factores a tomar en cuenta para mirar ese número con un grado de objetividad y de precisión. El costo, la inversión, la calidad, el contenido del programa o curso, si era más por curiosidad que por urgencia y/o valor el matricularse en el curso juegan un peso en la decisión si la persona se queda o se va de un curso. Cuidado con desertar-te.

Un factor que muchos estudios no lo reflejan es porque no hacen la pregunta adecuada. Especialmente los lugares que llevan a cabo los estudios. Mi experiencia personal es que la gente todavía confunde EDUCACION vs. APRENDER. Eso parte de la mentalidad que nos han inculcado desde que somos niños. La escuela, y la sociedad, quieren que tu le apuestes a la educación.

Es más importante tener un papel, una certificación, un grado, una prueba social que confirme que alcanzaste algo. Hay gente que prefiere deber préstamos estudiantiles toda la vida y tener un grado, aunque luego de obtenerlo sepa que no era lo que realmente deseaba o puede culpar a alguien por haber estudiado una carrera o no ser su verdadera misión de vida. Es

Ojo, no critico la educación formal o los conocimientos que puedes adquirir. El problema es que la educación formal no te prepara para el mundo real, sino para lo que un libro te dice que puedes enfrentar. Claro que preparación formal básica se requiere para por lo menos asimilar conceptos que te abren la puerta, pero no para entrar por ella.

Segundo, ¿cuánta gente conoces que posee un título universitario y no tiene un trabajo, no trabaja en lo que se preparó o no es compensado adecuadamente para lo que invirtió en su preparación? En mi familia solamente puedo mencionar a más de cinco. Repito, si le preguntas a la vasta mayoría de la gente si el haber sido parte de un movimiento Universitario valió la pena, muchos van a decir «fui a muchas fiestas, conocí gente nueva y diferente que hoy son parte de mi vida, maduré en muchos aspectos y adquirí conocimientos que de otra manera nunca hubiese recibido».

Cuatro a doce años de tu vida en una Universidad es mucho tiempo. Es una gran inversión de tiempo, dinero, energía, esfuerzo, sacrificio y entrega. Y lo triste es que el retorno nunca es igual a la inversión. Este es un punto contencioso y del que podríamos estar debatiendo días, semanas, meses y años. Esta bien. No se trata de quién tiene la razón, sino lo que dicen las estadísticas, los números, al final del día. Una educación te brinda muchos conocimientos pero no te garantiza nada. Eso es lo que mucha gente no sabe o no quiere saber. Es como el «te casas para toda la vida» o «si tienes esto, vas a ser feliz». El papel no dice nada en el mundo de hoy.

Mucha gente cree que si tiene el título, el papel o la evidencia social le asegura algo o le da cierta ventaja en algo. Eso pudo haber sido cierto en ciertos lugares, durante cierta época y para ciertas personas. Ni entremos en el tema de discriminación, preferencias, injusticias, ser mujer, racismo y muchos aspectos más. (El que aparezca en la puerta de la empresa donde te están entrevistando no quiere decir que a puerta cerrada no lo practiquen). Ese papel lo ponen para que sepas que están cumpliendo con las leyes que se aprueban en el país, no las que impone la empresa.

Volviendo al tema del aprendizaje. Aprender es como saber que algo es importante, pero no vas a recibir un título, un certificado, un papel o una evidencia social. Y darle con la seriedad que le das a tu educación. (Podría terminar produciendo mayores ingresos que tu educación). Aprendizaje es la puerta por la que entras para convertir tus habilidades o talentos en un proceso de sinergia propio para crear algo que puedes capitalizar en el camino en el que deseas recorrer. NO HAY GARANTIAS. Es una inversión en ti y confiar en lo que te dice tu intuición, tus experiencias, la vida o el momento.

Educarte es apostar a que la sociedad te brinde algo. Aprender es apostar a que tu vas a crear algo de lo que apuestas. Es tomar lo que identificas de tus talentos, de tus habilidades, de tus dones, de tus regalos y haces de ellos algo que nadie diseñó, que nadie planeó y que no estaba escrito. Lo conviertes en una historia que define tu vida y marca tu historia.

Ahora, para hacerlo y lograrlo, requieres apostarle a algo que no te enseñan en ninguna parte: identificar qué es realmente lo que quieres hacer de tu vida y convertirlo en la gasolina que genera un sentido de responsabilidad, disciplina y nuevos hábitos. Eso requiere una mentalidad de rebelde, pero enfocada en la resiliencia y no en resistencia o la indecisión.

Mucha deserción, en todas partes, es más por no apostar a lo que nunca le han apostado: a si mismos. Al no tener una garantía de nada, es apostarle a la persona más importante: a ti. Es darle validez y/o prominencia a algo que nunca te dicen el valor y la importancia que tiene: tus talentos. La educación ecualiza. El aprendizaje diferencia. Cuidado con desertar-te. ¿Qué vas a hacer para darle seriedad a tus procesos de aprendizaje?

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Cuidado lo que empiezas y no terminas. Especialmente, si tiene que ver con aprendizaje.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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