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¿Cuánto Mide Tu Valentía?

¿Cuánto mide tu valentía?

Ayer veía un video de un niño de poco más de un año, que no bien podía ni caminar con total firmeza, llevando un gran caballo hacia un establo. Me imagino que el niño estaba cerca de quien lo estaba grabando, para cuidar de su seguridad, ante el tamaño del caballo y que este no fuera a lastimar al pequeño.

En ese momento el niño no tiene ni consciencia del tamaño del acto que este llevando a cabo, aunque tiene una noción de lo que hace, ya que sabe y entiende lo que debe hacer. Es el ejemplo del «yo no sé que yo no sé». El niño no sabe lo que hace, pero lo hace y en el acto de hacerlo, descubre que lo que no sabía comienza a mostrar el camino de cómo hacerlo. Se abre todo un mundo de conocer lo que será seguirlo haciendo a partir de ese momento.

Es como cuando un niño da un paso por primera vez. No sabe lo que hace y no sabe qué no lo sabe, pero al hacerlo lo descubre y comienza a forjar un mundo de posibilidades en su mente. Ese niño no sabe cuánto mide la valentía de un hombre, pero está comenzando a hacer crecer la suya, de la misma manera en que está creciendo.

No sé si es la edad, el paso del tiempo o el trabajo personal, pero cada día me siento más en contacto con mis miedos. No lo digo como un acto de cobardía, sino como uno de reconocimiento. Antes pensaba que tenía que ocultar, disimular, evitar, rechazar, negar o pelear con (o en contra) de mis miedos. Ahora no.

Durante mucho tiempo pensaba que la valentía era un sentimiento que aparecía de vez en cuando. En esos momentos de riesgo, de peligro, de conflicto, de miedo, de incertidumbre o de indecisión. O sea, cuándo tenías que sacar la capa del superhéroe y hacer algo al respecto. Ahora veo otra cosa.

¿Qué tal si valentía no es cuándo la usas, sino la manera en que la usas?

Claro que habrá momentos en que la valentía es requerida por lo que pide la vida, el momento o la situación. Te puede salvar la vida o la de otros. Esos son los claros actos de valentía que todos conocemos. Pero, ¿qué sucede con los otros, los que son parte de la cotidianidad de la vida y que son tan (o más) importantes que los otros?

Una cosa es saber qué tienes miedos, otra cosa es reconocerlos.

Una cosa es saber la manera en que has enfrentado los miedos en el pasado, otra cosa es saber cómo hoy el miedo está presente en tu vida y te quedas cómodo o buscas un excusa para no enfrentarlos.

Una cosa es saber que el miedo es parte de ti, otra cosa es pensar que la valentía vive separado de ti.

Ayer leía algo que me puso a pensar: «el miedo es la definición más puntual de quién eres».

¿Cómo así? Fue lo primero que me pregunté. Luego de darle un poco de reflexión y pensamiento, me quedó claro que esa frase tiene mucho poder, profundidad y verdad. Hoy mi vida es un reflejo de la relación que tengo con el miedo. Lo que he logrado es la manera en que he podido convivir, enfrentar y atravesar el miedo. Lo que hoy NO he logrado es porque no tengo una relación productiva con el miedo en ese aspecto. No he logrado reconocer, convivir, enfrentar o quebrado la manera en que el miedo domina mi pensamiento y mi campo de acciones.

La antítesis del miedo no es la valentía, sino la humildad. La humildad vive en la manera en que somos capaces de reconocer. ¿Qué? Todo. La humildad no vive presa de la apariencia, de la imagen, del qué dirán o de vivir tras una máscara. Al contrario, es arrancar lo que cubre y mostrar lo que realmente está ahí. Lo que se siente. Lo que se piensa. Lo que se vive. Y caminar.

David Deida, en su libro «El Camino del Hombre Superior», dice que «saber que el miedo es lo que te define es algo que debes aprender a reconocer. Sentirlo constantemente. El miedo requiere convertirse en tu amigo, para que ya no te sientas incómodo con él. Al contrario, tus miedos primarios te muestran cuando realmente estás en el filo de quién eres y quién puedes ser».

Al leer ese párrafo caí en cuenta de muchas cosas, especialmente durante estos pasados tres años. Pude entender porqué estoy tan consciente de mis miedos y de la manera tan constante que los siento. En muchos aspectos de mi vida. Ese acto de reconocer, de estar conmigo mismo y mi verdad me esta permitiendo conocer una parte de mí que desconocía. Me siento como el niñito que está llevando el caballo al establo.

«Cuando te conectas con el miedo y sabes que estás al filo de él, es cuando permites que ocurra la verdadera transformación. No puedes caer en la pereza de evitarlo ni en la agresividad de pretender que no existe para querer enfrentarlo en tus propios términos. Esa conexión con el miedo te permite enfrentarlo sin distorsión. Estás dispuesto a caminar con él; no evitarlo o escaparlo para reprimirte del reto, ni tampoco querer usar el futuro como un mecanismo para empujarlo a otro momento», dice Deida.

Digo esto porque hoy vivo esta realidad. Lo más fácil es seguir haciendo lo que hago (o lo que he hecho) en el campo de coaching o de ser facilitador de talleres. Abrir un centro de transformación es algo que jamás pensaba hacer. El miedo de perder, de invertir el tiempo en un nuevo proyecto que no rinda frutos o el simplemente creer que debe hacer ciertas cosas a estas alturas de mi vida y de mi carrera, puede cegarme de realmente ser humilde y enfrentarme al filo del miedo. Hoy comienzo un proyecto de vida donde reconozco que siento miedo, pero hoy es mi amigo, no mi rival.

No sé que va a pasar, pero no voy con un apego al resultado, sino a disfrutarme el proceso. Entregarme al camino. Aprender, descubrir, crecer. Me veo como el niño que está llevando el caballo al establo. También siento que Dios, mi familia, mis amigos y los muchos mentores que he tenido (y todavía tengo), cuidan sobre mi para que el caballo no me arrastre o pierda mi dirección al establo. Por todos vivo en gratitud y agradecimiento. No conozco el tamaño de mi valentía, pero sí reconozco que conocer mis miedos y ser humilde ante ellos me servirá para hacerla crecer.

¿Qué vas a hacer al respecto?

PD: esta noche es la apertura de «Pulso Universal» a las 7:30 pm, hora de Ciudad de México. Vamos a transmitirla por Facebook Live a través de la página de seguidores de Pulso Universal. Puedes entrar y darle me gusta y poder conectarte aquí (www.facbook.com./PulsoUniversalMX).

La antítesis del miedo no es valentía, sino humildad.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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