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Cuando No Vemos La Realidad

Cuando no vemos la realidad

¿Has estado alguna vez en una situación donde todo el mundo se da cuenta de algo salvo tu? Todo el mundo capta el mensaje, todo el mundo se da cuenta de lo que está sucediendo, todo el mundo se percata del impacto que está teniendo ese momento en las personas, menos tu. Y peor aún, por más que la gente intenta mostrarte el camino o darte guías o pistas, no te ayudan porque estas atrapado por tu manera de ver las cosas o hacer las cosas.

Recuerdo cuando comenzaba a entrenarme como facilitador y coach, había cometido un error muy evidente en la manera de servir a una persona. No la había escuchado de manera generosa, no me había conectado con su dolor y su realidad, no me había dado a la tarea de realmente salirme de mi manera de ver las cosas para poder apoyar a este ser humano.

Estábamos reunidos unos veintitantos facilitadores y coaches en una reunión para compartir diferentes experiencias. La persona a cargo de dirigir a los entrenadores me preguntó que compartiera una experiencia reciente. Al hacerlo, me preguntó: ¿de qué se trataba realmente la situación? Di mil y una respuestas, pensé en muchas cosas, pero cada vez me alejaba de la situación.

Mientras tanto, mis compañeros estaban claros de lo que se trataba la situación. Todos podían ver algo que no estaba viendo. Si me daban la solución de nada serviría, ya que me darían la respuesta, pero no podría ver lo que debería aprender a ver por mi mismo en ese instante. Estuve casi 30 minutos en una lucha entre lo que yo quería ver y lo que el mundo a mi alrededor estaba viendo.

Yo me enfocaba en las cosas que hice y en lo que la persona no hacía y no estaba mirando algo simple y básico: el tomar responsabilidad por lo que estaba, y no estaba, sucediendo. Yo no podía cambiar la persona, pero si podía aceptar la manera en que estaba impactando la persona y la situación con mi manera de pensar y de confrontar la situación.

¿Has estado en una relación de pareja, familia, amigo o trabajo cuando tu o la otra persona no quiere escuchar o abrirse a ver las cosas de otra manera? ¿Cuando por más que lo intentas o la otra persona lo intenta, nada diferente sucede? ¿Has terminado teniendo la razón (o la otra persona), pero terminas perdiendo la relación, la situación, el dinero o la oportunidad pero te sigues defendiendo?

He estado en los dos lados de la valla: del que lo hace y no se da cuenta de que lo esta haciendo, y del que observa como otros lo hacen y nunca se dan por enterados. El no escuchar, no estar dispuesto a soltar la razón, no darnos cuenta de nuestros comportamientos inconscientes-conscientes, vernos como el más que sabe o cómo todos los demás son los culpables son hábitos aprendidos desde nuestra infancia o por experiencias de vida.

El problema no es haberlos aprendido, sino seguir perpetuándolos y no darte cuenta. Nadie puede salvarte de ti mismo, menos cuando crees que no tienes que ser salvado, pero te estas ahogando y no lo sabes. Te ahogas con la razón. Te ahogas con no escuchar. Te ahogas con no abrirte a ver las cosas de otra manera. Te ahogas de alejarte de personas. Te ahogas de perder oportunidades. Te ahogas por querer hacer las cosas a tu manera. Te ahogas por sobrevivir, cuando la vida te pide que vivas.

Estoy claro que todo el mundo aprende la lección cuando sea su momento. El maestro llega cuando el estudiante esta listo. Pero el estudiante puede captar o identificar el patrón, o los patrones, que se siguen repitiendo. No se trata de aceptarlo, sino de por lo menos, ver que algo ocurre de manera continua. Reconocer es el primer paso antes de aceptarlo. Si una, dos o tres personas me dicen «caballo» puedo pensar que es su problema o manera de ver las cosas. Ahora, si cincuenta me dicen «caballo», tal vez es hora de comprar un sillín y que me coloquen las herraduras.

Por yo no querer ver las cosas de otra manera, no serví a una persona como se merecía. Esa persona hoy puede ser mi hijo, mi papá, un hermano, un amigo, una pareja, un colega, un socio y, peor aún, yo mismo. Hoy la vida te puede estar diciendo que es hora de ver lo que otros ven y tu rehusas verlo. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni siquiera verse a si mismo. El hacerlo puede brindarte paz, conexión, amor, vida, prosperidad, sentirte vivo o devolverte la fe en ti mismo y en lo que te rodea. ¿Que prefieres: la razón o la relación? Está en tus manos.

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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