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Cuando El Hábito Eres Tú

Cuando el hábito eres tú

Jamás olvido cuando una relación muy especial en mi vida terminó. Luego de convivir con esa persona por espacio de casi dos años, tuve que buscar un estudio pequeño para vivir. Los primeros tres meses fueron una verdadera pesadilla. No quería llegar a ese departamento solo y dónde no tenía ningún tipo de vínculo emocional con el espacio.

Recuerdo que salía de trabajar y buscaba encontrarme con amigos para no tener que llegar a mi casa. El objetivo era estar el menos tiempo posible en ese espacio. Salir al amanecer y llegar lo más tarde posible. El estar en mi departamento me provocaba de todo: una especie de desespero, de resistencia, de molestia y de sentirme solo.

Para hacer la situación peor, no me detenía a mirar realmente lo que era el problema. Lo único que sabía era que no quería estar mucho tiempo en el espacio. Hasta que un día pasó algo muy particular. Recuerdo que mi carro se averió y estuvo en el taller de reparaciones como tres o cuatro días. No tenía forma de moverme y estuve libre del trabajo esos días.

Tomé la decisión de no hacer nada. Estar en mi departamento, sólo y hacer el intento de no volverme loco (según lo que yo pensaba) al estar conmigo mismo. Coincidentalmente, unas semanas antes me había comprado una computadora: una de esas primeras Macintosh/Apple pequeñas que se le introducía un floppy disc por el frente. (Si no sabes cuál era, busca en Google).

Recuerdo que una noche me sentía muy desolado, triste y golpeado por toda la situación que estaba viviendo. La relación que terminó era muy importante y significativa emocionalmente en mi vida: fue un antes y un después. El dolor era fuerte y la herida estaba fresca. Me sentía atrapado y no podía salir de donde estaba mental o emocionalmente. Todavía no sé por qué, hice algo que resultó ser muy revelador para mi en ese instante.

Me senté en el pequeño escritorio que tenía frente a la computadora. Eran como las dos de la mañana. Todo oscuro. Algo dentro de mi me dijo que encendiera la computadora. Lo hice y ahí me quedé por unos minutos, lo que parecía una eternidad. No me movía, no hacía nada, sólo ver lo oscuro de la pantalla (no habían screen savers en esa época) y el cursor.

Todavía puedo ver cómo el cursor de la computadora aparecía de manera intermitente en la pantalla. En ese momento comencé a escribirme algo a mi mismo. Lástima que no lo guardé. Fue como una especie de confesión, de confrontación, pero con un tono empático y perdonándome por no aprender a estar conmigo mismo, a no aprender a ser mi propio amigo, a no saber cómo disfrutar de mi propia compañía y no de disfrutar de la soledad. Fue darme cuenta de muchas cosas y, tal vez más importante, estar dispuesto a reconocerlas.

Cuando terminé de escribir estaba amaneciendo. De la misma manera, algo internamente en mí comenzaba a salir de una oscuridad. Ya estar solo en mi departamento dejó de ser un problema. Ahora era lo contrario, buscaba estar en mi casa y lo disfrutaba. Leía, escribía y buscaba cómo convertir ese pequeño espacio en mí espacio. Ansiaba llegar a mi departamento todos los días y tener mi espacio para encontrarme conmigo mismo.

Hoy que estamos viviendo esta cuarentena gran parte de la humanidad, puedo comprender lo difícil que se le ha hecho (y se le sigue haciendo) para muchas personas estar en su casa. Personas y profesionales que viven en la calle constantemente, ya sea por su trabajo o por la manera en que lo han convertido eso en un hábito o estilo de vida. La cuarentena es como tener que conocer a fuerzas otra persona que vive en ti. Si deseas conocerla.

Para algunos este periodo ha sido como una condena (ya sea mental, emocional, económica, espiritual o físicamente). Para otros ha sido una revelación. Es más, anoche platicaba con una amiga que dice que se ha acostumbrado tanto a su nueva vida que teme volver a sus rutinas pre-cuarentena y dejar a un lado lo mucho que ha avanzado en sus proyectos personales propios.

Algunos no pueden esperar a que termine el encierro y correr hacia el mundo como adolescente que sale por primera vez solo. Todo el mundo está en su propio proceso y aprenderá sus lecciones cuando llegue su momento. Para mí ha sido recordar esta lección y agradecerla, ya que hoy puedo disfrutar de mi propia compañía y no sentirme encerrado, aislado o desconectado del mundo. Es aprender a operar de otra manera. Claro que deseo poder asistir a eventos sociales, públicos, familiares y donde habrá mucha gente, pero en este momento es aprender a adaptarme y no resistirlo.

Eso es la belleza de conocernos y de saber que podemos ser seres humanos con muchos intereses. Por lo menos para mi, el estar ocupado era un hábito que me sirvía para distraerme, evitar y no conectar con muchas cosas: especialmente, conmigo mismo. Era una manera de estar en todas partes y no estar en ninguno. Fue darme cuenta que soy (y somos) un conjunto de hábitos, pero si no hago un alto, sigo siendo el peor hábito hacia mí y no me doy cuenta. ¿Qué vas a hacer al respecto?

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!

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Si deseas ver el Facebook Live de hoy donde expando en este tema, puede hacerlo aquí:

Despierta tu Ser: 42 Cuando tú eres el hábito

Aprender a estar contigo mismo puede ser una gran bendición, especialmente en estos tiempos.

Posted by Jorge Meléndez on Tuesday, May 19, 2020

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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