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Cómo Dominar Tus Circunstancias

Cómo dominar tus circunstancias

Una de las mejores formas de saber si estás desarrollando esta habilidad de pensamiento crítico es la manera en que te ves a ti mismo. Pero no desde la evaluación, el juicio, la comparación o la defensa, sino la manera en que ves la vida, te ves a ti, ves tu entorno y ves los obstáculos que enfrentas todos los días.

Esto se llama ser Responsable. No me refiero a responsable de controlar. No me refiero a ser responsable cuando las cosas salen bien y culpar a otro cuando salen mal. No me refiero a responsable de sólo mi vida y lo que está a mi alcance. No me refiero a ser responsable para lucir bien ante los demás.

Mi refiero a un sentido de responsabilidad que tal vez no conoces, pero desafía tu manera de pensar, de actuar, de vivir y, sobretodo, a como piensas y ves cada momento y cada situación. Te comparto algo que viví durante mi época de periodista de espectáculos y que fue parte de mi primer libro, «No Saber: El Camino a desaprender», publicado en el 2010.

«He sido crítico de música durante más de dos décadas en el campo del jazz y el pop. Hacia fines de los 90’s, la cantante Gloria Estefan estaba a punto de lanzar un álbum latino muy importante en su carrera después de una ausencia de ocho años. En ese tiempo yo trabajaba como escritor “freelance” para un diario muy importante en Puerto Rico. Durante semanas, un colega reportero del mismo diario y yo trabajamos con dedicación para obtener una entrevista exclusiva con Gloria antes del lanzamiento. Después de semanas de no obtener resultados, decidí visitar a un hermano mío que vive en la Florida.

Antes de regresar a casa, tras una visita de fin de semana, llamé a Emilio Estefan, esposo y representante de Gloria, para ver si la buena suerte estaba de mi lado. Emilio me dijo que fuera a su oficina al siguiente día por la tarde para que pudiera entrevistarme con Gloria. Llamé a mi compañera del diario para hacerle saber que me habían otorgado la entrevista y que la tendría escrita en las siguientes 48 horas.

Al día siguiente, diez minutos antes de que realizara la entrevista, uno de los editores principales del periódico me llamó a la oficina de Gloria indicándome que abandonara el lugar en ese instante. No haría la entrevista y me prohibió hablar con Gloria sobre cualquier asunto relacionado con el lanzamiento de su disco.

En el momento en que colgué el teléfono estaba furioso. Me sentí ignorado, no escuchado, estafado, que se habían aprovechado de mí e incluso disminuido por el diario o alguna fuerza misteriosa que trataba de evitar que yo lograra esta exclusiva. Tenía suficientes pruebas para volar de regreso a casa y darle a mi editor una letanía de razones para pensar que era un incompetente. Incluso pensé en renunciar al diario. Estaba muy molesto.

El resto de la tarde y la noche no resulté buena compañía para mi hermano o mis amigos en la Florida porque me había abrumado este golpe inesperado. Especialmente yo, que tenía un “nombre” y una “reputación” como crítico de música en Puerto Rico por más de una década en aquel momento.

La mañana siguiente, mientras viajaba en el avión de regreso a casa, empecé a usar las herramientas que había estado aprendiendo y empleando con la gente durante años en los entrenamientos. Comencé a hacerme preguntas muy incómodas, aunque eso significara lastimar mi ego.

¿Acaso me dieron el “permiso” o “visto bueno” de parte del editor de mi sección o de alguna de las personas claves que tienen que ver con noticias de último momento para hacerlo? No. ¿En algún momento le dije al editor de la sección de artes y entretenimiento cuáles eran mis intenciones? No. ¿Hice un plan de juego con mi colega y nuestro departamento para maximizar la cobertura? No. ¿Estaba jugando en equipo? No. Con toda honestidad, jugué el típico juego “si yo me lo encuentro es mío”, quién llegue a la meta se lleva el premio.

Así que tenía dos opciones. Podía regresar a la oficina y tirar mi drama, mi historia de víctima donde todos me la habían hecho y que yo era un escritor importante y sacrificado que sólo quería dar al diario la primicia y alguien no me lo permitió. Es decir, pelear, chillar, juzgar, culpar, polarizar y tener la razón de todo. Lo pensé y me dije: “¿es una batalla que realmente vale la pena pelear?”. Si de verdad quería aprender o ver algo diferente de la vida y de mí, y no continuar el camino del drama, la resistencia o el siempre tener la razón, era obvio que tendría que hacer algo diferente.

Había (y siempre hay) un camino diferente. El camino responsable. Tomé responsabilidad completa de mi falta de comunicación, por no haber trabajado en equipo, por no haber jugado como un miembro del equipo y por incluso haberme molestado cuando los editores tomaron la determinación que tomaron, para no haberme dejado realizar la entrevista. Lo más grande es que nunca tuve que hablar con mi editor.

Llegué a la oficina el jueves siguiente como si nada hubiera pasado. Incluso me disculpé por la información que no había compartido y declaré que no volvería a suceder. Me sentí maravillosamente bien y una sensación de desprendimiento se volvió una parte muy importante para mí en situaciones como ésta. Me abrió una manera completamente nueva de tratar cualquier situación.

Al principio de todo este asunto, mi ego no me permitía ver esta posibilidad, pero a medida que me reté, me di cuenta de que estaba experimentando un sentimiento liberador que empezó a abrir puertas para que viera mi liderazgo en maneras que no creía posibles. Desprenderme y continuar fue la lección que me llevé de todo el asunto, a parte de ver lo que realmente es responsabilidad».

Hoy todos vivimos situaciones similares o peores. Este elección que hice, fue la misma que hizo Viktor Frankel en su libro «El hombre en busca del sentido», cuando elige verse responsable de lo que vivió en los campos de concentración y no vivir culpando o sintiendo odio hacia los alemanes. Esta misma elección la hizo Maya Angelou, quien fue violada y obligada a dirigir un prostíbulo a los doce años y vivió libre del odio o de sentirse menos. Esa misma elección la hizo Martin Luther King o Ghandi, quienes eligieron usar la paz en sus manifestaciones para crear igualdad. Fue lo mismo que hizo Nelson Mandela para unir a Africa luego del apartheid.

La responsabilidad es un elección, pero sobretodo, es una manera de pensar, de vivir, de ver la vida y de verte por encima de las circunstancias a las que te enfrentas a diario. Es liberarte de las excusas, de las quejas, de culpar a la gente, de vivir en reacción. Como bien dice una definición que aprendí hace unos veinticinco años: «responsabilidad es una estructura de interpretación por la cual declaro que soy la causa de todo lo que sucede en mi vida. Significa ser el autor. Estar al tanto del concepto de responsabilidad equivale a estar al tanto de la creación de tu ser, tu destino, tus sentimientos, y si así fuera el caso, tu propio sufrimiento». O eres víctima de tus circunstancias, o eres responsable. No puedes ser las dos. Si tienes excusas, razones o justificaciones, responsable no eres. ¿Cómo vas a trabajar con tu sentido de responsabilidad hoy?

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog! Mañana voy a compartir cómo el pensamiento crítico va de la mano con tu abundancia.

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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