Hay un amigo que tal vez tienes olvidado o evitas. Hora de escribirle y darle presencia en tu vida. Aquí porqué.
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Carta A Uno De Los Amigos Importantes

Carta a uno de los amigos importantes

Jamás imaginé que reconocería tu presencia de la manera en que lo he hecho en estos tiempos. No sólo han sido muchas, sino que cada vez que menciono tu nombre, comienzo a ver que la valentía cuesta mucho sostenerla. Con el paso de los años pensaba que mi cansancio era producto del trabajo, del agotamiento, de las frustraciones, de las elecciones mal tomadas o de los apegos infundados por mi crianza o el entorno al que me he expuesto. Pero no. Todo gira alrededor de la relación que tengo contigo hasta este momento.

Por momentos pensé que todo se basaría en la fuerza. En creer que el poder, la fuerza o la mentalidad de poder vencerte eran los ingredientes necesarios para tener un paso de ventaja sobre ti. Que el prepararme, leer, entrenarme o el tener las cosas que pueden mantenerte a un grado de distancia eran suficientes como para poder cantar victoria. Jamás. Dicen que la ignorancia es atrevida, pero quien dice que no peca de ser ingenua o hasta ilusa. Hoy veo que conlleva algo mucho más simple. No para vencerte, sino para meramente saber cómo anda nuestra amistad. Reconocer. Sí, reconocer que estás ahí.

La madre naturaleza sigue invicta

Dicen que la naturaleza está invicta. Sí, nunca ha sido derrotada. En la manera en que el tiempo, nuestra mortalidad y el envejecer son parte del acuerdo de estar vivos. Alguien debería haber escrito en algún lugar que la relación contigo es inevitable y necesaria en este acuerdo de vivir. Le brinda a esta jornada otro sabor, otra textura y un sentido totalmente diferente a lo que significa vivir cuando sabemos el papel que tienes, el rol que ejerces y la manera en que estás presente de una u otra manera en todo lo que hacemos.

Tú eres como el sexo. Eres como el dinero. Ni me digas del amor. No podemos vivir sin ellos, pero aveces queremos pensar lo contrario. Tienes muchas caras, identidades. Posees esa cualidad camaleónica que puedes tomar diferentes colores y pasar por otra cosa. Puedes estar oculto a simple vista y no vemos que estás ahí. Poniendo a prueba nuestra humanidad, nuestra humildad, pero sobretodo, a ver hasta dónde realmente nos conocemos y si hemos superado al ego.

Eres un virus sin vacuna

Estás en todas partes. El amor no te permite entrar, pero puedes mostrarte como un facsímil de él. Estás en el dolor, en la soledad, en el éxito, en las apariencias, en el apego, en la tristeza, en el uso del poder y en muchos otros aspectos. Has aprendido algo que reviste tu poder con una apariencia cuasi invencible: cómo moverte a la velocidad del pensamiento. Ahí te has instalado, en la mente, y has aprendido a reproducirte como un virus libremente. Ahí creas el caos, en proyectar lo que podría ser, a costas de matar lo que realmente vinimos a ser y hacer. No hay vacunas para tu virus, sino comenzar a trabajar con el tamaño que ocupas en la mente.

Al abrir el campo de la duda, del temor, de la indecisión, de la envidia, de los celos, de la carencia, de la insuficiencia, del no merecer, de no creer, de la indiferencia, de la separación, del resentimiento o de cualquier aspecto que conduzca a distanciarnos de nuestra grandeza, confirmas que nuestra relación contigo es vital. Es primaria. Ahí es donde hoy me encuentro. Como cantó una vez Fito Paez: revolviendo y ordenando libros viejos que una vez leí pero hoy ya los olvidé.

Lo que dice tu silencio

¿Qué pasó? ¿Porqué? ¿En qué basé lo que pensé, lo que dije, lo que hice, lo que elegí y todo lo que viene con ello? ¿Hoy qué puedo ver? ¿De que callada manera hoy apareces para recordarme en donde se quedó mi relación contigo? Hoy, al simplemente reconocerte y ver cómo has tocado mi vida, veo que no llegas en actitud de alarde, de mostrar tu fuerza o tu superioridad.

Eso sí, llegas inmenso. Eres como el mar. Quieto por momentos, bravo en otros. Eres profundo, grande, enorme y con mucho guardado en el espacio que ocupas. Tu mirada lo dice todo y el silencio dice más que mil palabras. «Conóceme, no me temas. Si me evitas lo harás más difícil. El resistirme sólo hará que te canses de correr, de huir, de evitar y, eventualmente, te auto destruirás. Sé que mi apariencia en ocasiones tu asusta y por eso huyes o sales corriendo. Pero sólo soy un espejo de una parte de ti. Tengo un propósito de existir, de seguirte y estar presente en todo lo que haces. Pero si no me conoces, sólo harás más duro tu viaje. Tú eliges«.

Hoy veo como mi ser, mi vulnerabilidad, mi humildad, mis posibilidades, mi grandeza y, lo más importante, mi poder están íntimamente ligados a ti. Vives en todo y estás en todo. Reconozco que he condicionado y he querido controlar nuestra relación. No funcionó. No fue un fracaso, sino un despertar. En ese sentido, posees algo de lo que puedo aprender: brindas oportunidades para aprender, crecer u superar. Por eso a partir de este momento, te reconozco como un amigo que jamás perderé de vista, aunque sabes donde tienes lugar en mi vida. Donde pueda verte, pero no donde puedas taparme la vista hacia dónde voy. Hoy te dedico estas líneas. Sí a ti, el miedo.

Hora de conectar con uno de tus amigos más importantes: el miedo.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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