Basta de mirar desde las gradas y no darle vida a lo que más quieres. Ya no tienes que pedir o esperar que te den permiso. Está en tus manos.
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Basta De Mirar Desde Las Gradas

Basta de mirar desde las gradas

Jamás olvido la primera vez que me contaron uno de los muchos cuentos e historias que escribió Franz Kafka. Este era la historia de un chico que deseaba estudiar leyes y llega a este castillo donde un guardia de seguridad es lo único que estaba entre el chico y estudiar lo que siempre había anhelado. El guardia sólo le hace esta pregunta: «¿estás seguro que quieres estudiar leyes?, ya que tienes que pasar por esta puerta y varias puertas donde hay otros guardias de seguridad».

El chico, al sentirse intimidado por la pregunta y lo que le dice el guardia, se va y pierde toda su vida esperando. Hasta que un día se da cuenta que lo único que estaba entre sus estudios y él no era el guardia: sino creer en si mismo y el darse permiso a lanzarse por su sueño. Y de eso quiero hablar.

Anoche veía la entrega de los premios Oscar. Como todos los años, tanto las nominaciones como los ganadores elegidos, siempre son motivo de controversia. Primero, por los que son nominados como los que son ignorados. Por la raza de los elegidos y los que no lo son. Y, tercero, la desproporción tan notable que siempre ha existido y, sigue existiendo, entre la cantidad de película y actores de cierto tipo. Esto incluye mensaje, raza, ideología y estructura social. Hollywood siempre ha sabido el poder que tiene y la manera en que lo utiliza para enviar mensajes al mundo.

Hoy no vengo a hablar de Hollywood, ni de los Oscars (aunque la tentación está). Hoy quiero hablarte de oportunidad. Durante mucho tiempo la oportunidad de lograr éxito en muchos aspectos de la vida dependía de la oportunidad que te daban otros. Eso va desde la industria musical (las disqueras), los libros (las editoriales), el cine y la televisión (los agentes, las televisoras y las casas productores) y muchos otros campos que sirven de plataformas de exposición (o impacto) a nivel masivo.

Ese tiempo ya murió. Si, caducó. Tal vez no recibiste el memo, el correo electrónico, la notificación o la nueva versión de este tan importante tema. La realidad es que nunca ha existido, sólo que como el guardia de seguridad en el cuento de Kafka, el mundo escuchó la alerta y se creyó el cuento. Desde que llegó el internet, los guardias de seguridad sólo existen en la mente, pero no en la realidad. Si, las disqueras, las publicadoras, las televisoras, ls editoriales, los agentes y muchos de los que todavía controlan las plataformas existen. Y tal vez nunca desaparezcan.

Esa no es la única manera de entrar al castillo.

Durante gran parte de mi vida he tenido el privilegio de servir como la cerca o el puente entre los que están en el otro lado y los que están acá. Cuando eres periodista eso haces. Tienes asiento de primera fila (VIP) ver de cerca los que se habían ganado el permiso de entrar al castillo: artistas, autores, compositores, poetas, actores, políticos, empresarios, actrices, escritores, guionistas, agentes y personas que estaban en una especie de burbuja. Siempre había soñado con sentir lo que se siente y estar en ese lado. No el lado de la fama, sino de tener el valor y el coraje de compartir con el mundo un talento. La fama es un resultado de esto.

El problema es que durante mucho tiempo me creí lo que le dijo el guardia al joven del cuento: ¿estás seguro que quieres eso? Ahí empieza mi dilema y no es social, sino personal. No creí en mi, mucho menos en mi talento. Sentí que no merecía estar en el otro lado, ya que no tenía la creencia que se requiere para estar allá y, mucho menos, sostenerlo. Pensé que era algo que había que nacer con ello y sólo algunos tienen ese gene. Como ignorante, me lo creí y me dediqué a convertirme en un reportero de la vida. Viendo y creyendo que las oportunidades eran para otros y sólo para mi era llegar hasta esa cerca.

Ayer mientras veía los Oscar y al ver la gran diversidad de culturas, razas, variedad de nominaciones y, tal vez lo más importante, cómo muchos que en otros años nunca se ganarían una nominación, me confirma que ya el permiso no está en manos de otros. Está en nuestras manos. Si, las tuyas y las mías. Como dijo una vez Patch Adams: «tu podrás privarme de ponerme la bata blanca de médico, de graduarme, pero no puedes controlar mi espíritu, no puedes privarme de estudiar, de aprender».

Ahí es donde vive la verdad. No en el guardia. Tampoco de los guarda puertas. De los que, aparentemente, te dan permiso o el acceso. En este momento de la historia, sólo depende de ti. Si, de ti y de mi. De darnos el permiso. De creer en el sueño. Creer. De no permitir que nadie controle nuestro espíritu. De estudiar, de aprender, de prepararte, de practicar y de hacer con nuestra vida lo que siempre has querido hacer.

Basta ya de quedarte en la valla, de ver del otro lado. De no creer o sentir que eres capaz, que no eres suficiente o que no te lo mereces. No pases toda la vida como el joven que se alejó del castillo pensando que el guardia lo intimidaba y que los retos eran insuperables. El único reto insuperable es no creer y no intentar. Todos los demás son superables.

Yo no sé que me va a deparar como escritor en lo que me queda de vida. Pero estoy claro que nada, ni nadie, podrá matar mi espíritu y mi deseo de aprender, crecer, practicar y mejorar. Eso ya me coloca en el otro lado de la valla. No tengo que esperar a que me dejen pasar, ni de que me inventen, empiezo a vivirlo. Es hora de que hagas lo que todo niño sabe hacer muy bien: unirse al juego y no esperar a ser invitado. Hace lo que su espíritu le dice. El niño se incluye y eso mata la exclusión. Hora de hacer lo mismo. ¿Qué esperas para darte permiso de creer en ti y en tu sueño?

Basta de esperar a que alguien te de permiso para vivir tu sueno. Foto: Erik Johansson.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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